jueves, 14 de abril de 2016

Y Saboya acabó hasta la polla



Hoy, 14 de Abril, se celebra el Día de la República, ya que en el mismo día pero en 1931 se proclamaba tras una derrota monárquica en unas Elecciones Municipales la II República Española. En este blog somos muy aficionados a la historia y más aún si es republicana, pero consideramos que la II República y el Golpe de Estado que terminó con ella es un periodo muy estudiado, así que vamos a irnos un pelín más hacia atrás. Porque si hubo una II República es que antes hubo una I República. ¿Es lógico no? Pues vamos a ver como ocurrió.

Sesenta y cinco años antes, es decir, en 1866, España sufría la primera gran crisis capitalista de su historia. La falta de algodón derivada por la Guerra de Secesión Americana hacia quebrar la industria textil catalana y se llevaba por delante, además, a multitud de compañías ferroviarias y con ellas instituciones de crédito. ¿Nos suena? Es lo que tiene el capitalismo, que es una crisis constante. Esto acabó pasando al campo y el desempleo y las malas cosechas terminaron abocando a crisis de subsistencias en 1867 y 1868. Isabel II, incapaz de reaccionar y señalada por muchos como culpable (la corrupción campaba a sus anchas en las compañías ferroviarias, donde la Corona metía el cazo. ¿Nos vuelve a sonar no?) se apoyó en el conservador General Narváez, cerró las Cortes e inicio una represión.

Finalmente a la muerte de Narváez en 1868 una coalición de fuerzas Progresistas y Democráticas, dirigidas por los Generales Prim y Serrano y el Almirante Topete dan un golpe de estado; hacen exiliarse a Isabel II e inician el llamado Sexenio Democrático. Lo que en un principio era un golpe militar, uno de tantos en el S. XIX, acabó convirtiéndose en “Revolución” por el apoyo de la burguesía al golpe, lo que le doto de cierto aire civil.

La idea original era convocar unas Cortes Constituyentes por sufragio universal masculino, algo que ocurriría por primera vez en España, y delegar en estas la decisión sobre qué modelo de estado crear. Pero el plan no sobrevivió a su choque con la realidad, el presidente del gobierno provisional era el General Serrano, un hombre moderado y conservador que se había rebelado contra la reina buscando poder, se mostró partidario de la monarquía y de buscar un nuevo rey. Esto dividió a las fuerzas que habían apoyado el golpe, pero las elecciones ofrecieron suficiente poder a Serrano para imponer sus ideas, convirtiéndose en Regente.

Y aquí empieza lo divertido. Serrano y Prim empiezan entonces una búsqueda entre las casas reales europeas que acabará ocasionando una gran guerra, cambiará el mapa europeo y servirá para poco o nada. Como era de esperar cada partido tenía su favorito y las potencias europeas también, por ejemplo estaba el francés Duque de Montpensier, Antonio de Orleans, cuñado de la Isabel II y que perdió cualquier opción debido a que mató en un duelo a su primo, Enrique de Borbón, otro cuñado de Isabel II. Muy romántico y decimonónico todo. Eso hizo que el mejor colocado fuera Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, príncipe prusiano y familiar del Kaiser que para los españoles acabo siendo conocido como Leopoldo Ole Ole Si Me Eligen, por la dificultad de su apellido.

Prim, Topete y Serrano subastando la Corona de España
Pero claro, Leopoldo era prusiano y Napoleón III, Emperador de los Franceses, no quería saber nada de tener prusianos en sus dos fronteras. Su insistencia acabo ocasionando la retirada de la candidatura de Leopoldo, pero también la Guerra Franco-Prusiana, su derrota en Sedan, el fin del Imperio Francés, la proclamación de la Comuna de París, la conversión de Francia en una república y la proclamación del Imperio Alemán en la Sala de los Espejos de Versalles. Todo ello por la búsqueda española de un rey, si es que cuando nos ponemos sabemos cambiar Europa sin tercios ni nada; quizá ha llegado el momento de buscar un nuevo rey a ver qué pasa…

Esto llevó al ofrecimiento de la corona a Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, Rey Consorte de Portugal y que había demostrado una gran habilidad en los asuntos de estado junto a su esposa modernizando el país y aumentando su bienestar. Pero el portugués (aunque de ascendencia alemana) viendo el percal que había en el país vecino declino amablemente la propuesta. Esto dejó a Amadeo de Saboya, segundo hijo del Rey Víctor Manuel II de Piamonte-Cerdeña, el rey unificador de Italia. Sobre el papel era un buen candidato: alto, bien parecido, perteneciente a una dinastía prestigiosa, católico, de ideas liberales y progresistas y con un buen currículo, sobre todo a nivel militar, donde había destacado en la Batalla de Custoza frente al Imperio Austriaco. Si a ello le sumamos que no era familiar de los viejos reyes, no mataba primos ni causaba guerras europeas la duda que nos queda es porque no lo eligieron el primero.

Amadeo de Saboya
Ya con Amadeo de Saboya elegido y dispuesto a tomar la corona la cosa empezó a torcerse, el gran valedor del nuevo monarca, el General Prim, entonces Jefe de Gobierno, es asesinado en Madrid y con él la coalición entre progresistas y demócratas moderados que había traído al rey es destruida. A partir de aquí el reinado de Amadeo de Saboya, primera prueba en España de la llamada Monarquía Parlamentaria, será un desastre tras otro. Para muestra un botón, en el sepelio de Prim el nuevo rey le dijo a la esposa del general que encontraría a los responsables, a lo que la mujer añadió: “No tendrá usted que buscar muy lejos, Majestad”, lo que da una idea del nivel de problemas que había en la corte real. En las Cortes tampoco iba a estar más a gusto, por ejemplo nada más jurar la Constitución el líder republicano Emilio Castelar le dijo al rey: “Visto el estado de la opinión, Vuestra Majestad debe irse, como seguramente se hubiera ido Leopoldo de Bélgica (sic, por Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen), no sea que tenga un fin parecido al de Maximiliano I de México...” Hay que recordar que Maximiliano I de México, monarca europeo colocado por Francia en este país latinoamericano, había sido fusilado por sus propios súbditos solo 3 años antes.

Muerto Prim a Amadeo de Saboya en España no lo quería nadie. No solo los republicanos se enfrentaban a él, sino que entre las fuerzas sobre las que a priori podía haber basado su reinado tampoco encontraba estima. Los viejos Carlistas habían vuelto a su deporte favorito de echarse al monte y habían organizado una nueva guerra para colocar en el trono a su candidato Carlos VII mientras que la Iglesia y la Alta Nobleza veían en Amadeo un advenedizo extranjero puesto por los revolucionarios y ansiaban la vuelta de los Borbones en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II. Y aunque sobre el papel en las Cortes carecían de poder dominaban otras facetas de la vida pública, los republicanos controlaban las grandes ciudades (Gobernaban en 20 capitales de provincia) con sus milicias, los carlistas poseían las zonas rurales de País Vasco, Navarra y Catalunya y la Alta Nobleza y la Iglesia podían hacer la vida en la corte imposible si la boicoteaban, como hicieron. A todo esto había que sumar una nueva guerra en Cuba, que seguía peleando por la independencia.

Amadeo I ante el cuerpo del General Prim
Curiosamente Amadeo de Saboya, vistas las circunstancias, fue capaz de mantenerse en el trono e incluso consiguió en cierta manera reconstruir la coalición que había creado Prim y crear un bipartidismo sobre el cual basar su gobierno (Otra cosa que tampoco es nueva…). De la mano de los Progresistas, de cariz más conservador y dirigidos por Sagasta (Eterno superviviente, será la pata izquierda de la Monarquía siguiente, la de Alfonso XII, junto a Canovas) y de los Radicales Demócratas de Ruiz Zorrilla la monarquía pareció recuperar la normalidad, hasta que la esclavitud hizo saltar todo por los aires. Ruiz Zorrilla buscó solucionar el problema en Cuba aboliendo la esclavitud (aún existía en las colonias por entonces) y entregando mayor autonomía a los cubanos; esto hizo estallar al lobby negrero llamado Circulo Hispano-Ultramarino que inició una campaña brutal para terminar con el gobierno alegando a una posible “rotura de España” si se cedía en Cuba (nos sigue sonando, ¿Verdad?). Finalmente la puntilla llegó, de nuevo, de los militares; el Arma de Artillería, que no deseaba servir bajo un General de Infantería, se enfrentó al rey que acabó por disolverla, disolviendo con ello su reinado.

El 10 de Febrero de 1873 Amadeo de Saboya, hasta la polla de los españoles, abdicaba y se volvía a Italia cansado y asqueado de tratar de gobernar un país que no dejaba gobernarse. “Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha…” El pobre hombre no podía más y otra oportunidad de modernizar el país se perdía. Esa misma tarde las Cortes, ante la evidencia, proclamaban la I República porque no quedaba otra opción realmente… La República, como la monarquía anterior, nació muerta, debido a sus pocos apoyos y la división de los republicanos. Tanto es así que en nueve meses de República se sucederán cuatro gobiernos y un golpe de estado. ¿Y luego? Luego los borbones, los caciques, el turnismo, las dictaduras militares… hasta 1931. Pero eso es otra historia.

La soledad del Rey

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