miércoles, 14 de octubre de 2015

El habito que hizo monje a un rey



Esto es un blog que escribo de todo y sobre todo, pero que está focalizado por encima del resto en la historia, o más concretamente en esas pequeñas historias que la historia nos deja y que son dignas de contar. Esto hace que el autor tenga que estar pendiente siempre de las fechas para poder recordar cosas que ocurrieron tal día como hoy. Y hoy resulta que es un día prolífico en aniversarios, por ejemplo, el 14 de Octubre de 1066 terminó la Alta Edad Media con la Batalla de Hastings, donde Guillermo el Bastardo, Duque de Normandía, pasó a ser Guillermo el Conquistador tras derrotar a Haroldo II de Inglaterra, último rey sajón. También en 1915 Bulgaria entró en la Primera Guerra Mundial o en 1964 Nikita Jruschow perdió el poder en la URSS.

Pero hoy vamos a hablar de algo que nos pilla más cerca y a la vez más lejos. La cercanía es geográfica, la lejanía es en el tiempo. Vamos de viaje a la Toledo del S. VII, más concretamente al año 680. Antes de seguir con la narración quiero dejar claro que a dia de hoy la historia sigue sin saber muy bien exactamente qué ocurrió, hay conjeturas e ideas, pero nada claro. Pese a todo yo haré lo posible por narrar lo conocido y las distintas versiones que se suponen de lo que no conocemos.

En el año 680 reinaba en Toledo Wamba, 29º nombre en aquella “Lista de los Reyes Godos” que antes se aprendía en las escuelas. Por supuesto, la lista solo tenía en cuenta a los reyes de los visigodos que habían tenido contacto con la provincia romana de Hispania, y empezaba con Ataúlfo, rey que en el año 410 puso un pie en Hispania, obviando la larga historia que ya arrastraban los visigodos, desde su época en las llanuras al norte del Mar Negro, al norte de Ucrania, pasando por todo su viaje a través del Imperio Romano hasta su extremo más occidental, la Península Ibérica.

Es decir, en aquellos momentos los visigodos llevan casi tres siglos en la península y durante este tiempo han tenido tiempo para construir una serie de instituciones. Y es que no hay que olvidar que los visigodos en Hispania siguen siendo conquistadores y son una pequeña minoría de terratenientes que gobierna sobre una mayoría de campesinos y artesanos hispanorromanos. Durante estos siglos se han asentado en el país, se han convertido al catolicismo (eran arrianos, otra rama del cristianismo) y han creado una monarquía electiva apoyada por la iglesia que a duras penas funciona como se espera.

¿Los motivos? Muy claros. Según la teoría a la muerte de un monarca se espera que la Alta Nobleza, con el apoyo de la jerarquía eclesiástica, elija entre sus miembros al que consideran mejor preparado para reinar. Esto, que sobre el papel es maravilloso, dista mucho de funcionar en la vida real debido a que no existe ningún contrapoder que limite los poderes de una nobleza a la que le encanta matarse entre ella. Esto ya era algo que preocupaba entonces a los visigodos, y vemos como en los distintos Concilios de Toledo, otra institución característica visigótica, donde los obispos del país trataban temas tanto terrenales como celestiales, se busca conseguir una transición entre reyes pacífica y honesta, pero sin éxito. Raro es el rey visigodo que no sufre revueltas, tiene que enfrentarse a otros pretendientes al trono o directamente es asesinado para que deje vacante el cargo.



Algo parecido le ocurrió a Wamba el 14 de Octubre del 680 cuando llevaba 8 años en el trono, cuando había sucedido a Recesvinto (que nombres tan bonitos los godos) y aunque reacio a tomar la corona hizo un buen trabajo y fue el último rey godo cuyo reinado es positivo. Su gran logro fue el XI Concilio de Toledo, en el año 675, donde trato de poner fin a ciertos abusos que venía practicando la Iglesia, este afán reformador de la Iglesia pondría fin a su reinado cinco años después, ya que el Metropolitano de Toledo, Julián II, fue uno de los artífices de la conjura.

El día de actos el rey Wamba empezó a encontrarse mal y finalmente cayo en coma. No se sabe si fue debido a una enfermedad o si realmente fue envenenado e inducido al coma, pero la cuestión es que fue el momento que sus rivales estaban esperando. Ya fuera porque lo habían preparado o porque simplemente aprovecharon la ocasión los conspiradores, dirigidos por Julián II, aplicaron al rey la penitencia. La penitencia era un sacramento de la época, semejante a la actual extremaunción, en el cual el penitente recibía el perdón de sus pecados y era tonsurado con un monje y vestido con sus hábitos. Este sacramento, que aseguraba la entrada al cielo, tenía su contraparte, ya que solo podía realizarse una vez en la vida porque a partir de entonces no sería posible seguir pecando, por tanto lo lógico era realizarlo en un momento cercano a la muerte.

Pero lo importante no era esto, sino que de acuerdo al VI Concilio de Toledo la penitencia incapacitaba al que la recibía para reinar. Esto, que nunca había sido un problema ya que todos los penitentes habían muerto hasta entonces, lo fue cuando el rey Wamba se recuperó de su inconsciencia esa misma noche. Hay un refrán que dice que “El hábito no hace el monje” pero en el caso del Wamba sí que lo hizo. Obligado a llevar una vida libre de pecado el rey se retiró a un monasterio, donde murió seis años después, siendo sucedido por otro aristócrata más favorable a los intereses de la iglesia, Ervigio, que fue coronado el dia siguiente en Toledo.

Como era de esperar el final del reinado de Wamba, tan extraño, llevó al reino a una serie de problemas de estabilidad contra los que Ervigio tuvo que luchar en su reinado. Y es que una parte de la aristocracia, no presente en Toledo en el momento del cambio de gobierno, estaba enfadada, no ya por el final del gobierno de Wamba sino por no haber tenido la oportunidad de sucederle. Esta inestabilidad y las distintas luchas intestinas acabaran por debilitar tanto al reino que la invasión árabe, solo 30 años después, no encontrará a nadie que realmente defienda el reino.

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