lunes, 16 de mayo de 2016

Thank you, Mister Rinaldi.


Este artículo llega tarde pero necesitaba una pequeña maduración para no acabar convirtiéndose en lo que, pese a mi interés en que no lo sea, va a acabar siendo. Una muestra enorme de mi admiración hacia un tipo como Claudio Ranieri y todo lo que ha hecho en el mundo del fútbol. Y es que si la victoria del Leicester en la Premier League es una gran noticia para el fútbol romántico (si, ya sé que el Leicester no es pobre, pero es un modesto, no jodamos) más lo es que el artífice de todo eso no sea otro que Ranieri.

Como valencianista no puedo sino alegrarme de que todo le vaya bien a Claudio, además es difícil no sentirme un poco como los aficionados del Leicester. Para los de mi generación (nacidos a finales de los 80, principios de los 90) con Ranieri llegaron las primeras alegrías y el primer título, aquella Copa de 1999 que significó mucho más de lo que supimos ver por aquel entonces. El inicio de un Quinquenio Mágico que culminaría con el Doblete de Benítez, que tan mal gestionamos y que termino por traernos al “merder” en el que estamos.

Y es que si hablamos de Ranieri no podemos negar que sus tres décadas de carrera merecían un título de este calibre. Aunque su palmarés no está vacío jamás había logrado levantar una Liga, si exceptuamos la Ligue 2 que ganó con el Mónaco en 2013, por lo que esta Premier League es una gran noticia para su carrera. Experto apagafuegos y creador de equipos, lo hizo aquí, lo hizo en Mónaco, lo hizo en el Chelsea… su trabajo jamás había tenido un premio así, y es más que merecido.

Pero la Premier no es solo el reconocimiento a una labor de años, sino al reciclaje que el entrenador italiano ha sabido hacer en los últimos tiempos. Tras el fracaso que sufrió en 2014 al frente de la selección Griega, derrota frente a las Islas Feroe incluida, Ranieri decidió reciclarse y renovar sus métodos para evitar quedarse en el pasado. Aprovecho el tiempo libre con el que contaba para mejorar, se formó y visitó a otros clubes, sobre todo alemanes, como el Bayern de Munich, el Bayer Leverkusen o el Borussia Dortmund y aprendió sobre sus nuevas maneras de entrenar. Al final todo esto culminó con una vuelta a los banquillos lejos de los “focos”, en el modesto Leicester.

Curiosamente la idea era más o menos esa, volver a entrenar en un lugar sin excesiva presión, pero competitivo, y probar lo que había aprendido durante su año sabático. Incluso así se vio en Leicester, donde fue recibido con críticas por parte de algunos aficionados y periodistas que supongo que a día de hoy estarán buscando una buena cueva en la cual esconderse unos añitos… Pero al final las expectativas se han visto superadas y a día de hoy el Leicester, y Ranieri con él, es campeón de liga. Gracias por tu manera de ver el fútbol y hacer posible estas cosas, Claudio.

Y a todo esto, quizá estaría bien empezar a buscar un entrenador del perfil de Ranieri, que venga y ponga esto a punto de una vez, que ya nos vale… Y a ser posible que no se vaya luego, como le pasó a él, y saque todo el partido posible a su trabajo. Bien nos vendría.

jueves, 14 de abril de 2016

Y Saboya acabó hasta la polla



Hoy, 14 de Abril, se celebra el Día de la República, ya que en el mismo día pero en 1931 se proclamaba tras una derrota monárquica en unas Elecciones Municipales la II República Española. En este blog somos muy aficionados a la historia y más aún si es republicana, pero consideramos que la II República y el Golpe de Estado que terminó con ella es un periodo muy estudiado, así que vamos a irnos un pelín más hacia atrás. Porque si hubo una II República es que antes hubo una I República. ¿Es lógico no? Pues vamos a ver como ocurrió.

Sesenta y cinco años antes, es decir, en 1866, España sufría la primera gran crisis capitalista de su historia. La falta de algodón derivada por la Guerra de Secesión Americana hacia quebrar la industria textil catalana y se llevaba por delante, además, a multitud de compañías ferroviarias y con ellas instituciones de crédito. ¿Nos suena? Es lo que tiene el capitalismo, que es una crisis constante. Esto acabó pasando al campo y el desempleo y las malas cosechas terminaron abocando a crisis de subsistencias en 1867 y 1868. Isabel II, incapaz de reaccionar y señalada por muchos como culpable (la corrupción campaba a sus anchas en las compañías ferroviarias, donde la Corona metía el cazo. ¿Nos vuelve a sonar no?) se apoyó en el conservador General Narváez, cerró las Cortes e inicio una represión.

Finalmente a la muerte de Narváez en 1868 una coalición de fuerzas Progresistas y Democráticas, dirigidas por los Generales Prim y Serrano y el Almirante Topete dan un golpe de estado; hacen exiliarse a Isabel II e inician el llamado Sexenio Democrático. Lo que en un principio era un golpe militar, uno de tantos en el S. XIX, acabó convirtiéndose en “Revolución” por el apoyo de la burguesía al golpe, lo que le doto de cierto aire civil.

La idea original era convocar unas Cortes Constituyentes por sufragio universal masculino, algo que ocurriría por primera vez en España, y delegar en estas la decisión sobre qué modelo de estado crear. Pero el plan no sobrevivió a su choque con la realidad, el presidente del gobierno provisional era el General Serrano, un hombre moderado y conservador que se había rebelado contra la reina buscando poder, se mostró partidario de la monarquía y de buscar un nuevo rey. Esto dividió a las fuerzas que habían apoyado el golpe, pero las elecciones ofrecieron suficiente poder a Serrano para imponer sus ideas, convirtiéndose en Regente.

Y aquí empieza lo divertido. Serrano y Prim empiezan entonces una búsqueda entre las casas reales europeas que acabará ocasionando una gran guerra, cambiará el mapa europeo y servirá para poco o nada. Como era de esperar cada partido tenía su favorito y las potencias europeas también, por ejemplo estaba el francés Duque de Montpensier, Antonio de Orleans, cuñado de la Isabel II y que perdió cualquier opción debido a que mató en un duelo a su primo, Enrique de Borbón, otro cuñado de Isabel II. Muy romántico y decimonónico todo. Eso hizo que el mejor colocado fuera Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, príncipe prusiano y familiar del Kaiser que para los españoles acabo siendo conocido como Leopoldo Ole Ole Si Me Eligen, por la dificultad de su apellido.

Prim, Topete y Serrano subastando la Corona de España
Pero claro, Leopoldo era prusiano y Napoleón III, Emperador de los Franceses, no quería saber nada de tener prusianos en sus dos fronteras. Su insistencia acabo ocasionando la retirada de la candidatura de Leopoldo, pero también la Guerra Franco-Prusiana, su derrota en Sedan, el fin del Imperio Francés, la proclamación de la Comuna de París, la conversión de Francia en una república y la proclamación del Imperio Alemán en la Sala de los Espejos de Versalles. Todo ello por la búsqueda española de un rey, si es que cuando nos ponemos sabemos cambiar Europa sin tercios ni nada; quizá ha llegado el momento de buscar un nuevo rey a ver qué pasa…

Esto llevó al ofrecimiento de la corona a Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, Rey Consorte de Portugal y que había demostrado una gran habilidad en los asuntos de estado junto a su esposa modernizando el país y aumentando su bienestar. Pero el portugués (aunque de ascendencia alemana) viendo el percal que había en el país vecino declino amablemente la propuesta. Esto dejó a Amadeo de Saboya, segundo hijo del Rey Víctor Manuel II de Piamonte-Cerdeña, el rey unificador de Italia. Sobre el papel era un buen candidato: alto, bien parecido, perteneciente a una dinastía prestigiosa, católico, de ideas liberales y progresistas y con un buen currículo, sobre todo a nivel militar, donde había destacado en la Batalla de Custoza frente al Imperio Austriaco. Si a ello le sumamos que no era familiar de los viejos reyes, no mataba primos ni causaba guerras europeas la duda que nos queda es porque no lo eligieron el primero.

Amadeo de Saboya
Ya con Amadeo de Saboya elegido y dispuesto a tomar la corona la cosa empezó a torcerse, el gran valedor del nuevo monarca, el General Prim, entonces Jefe de Gobierno, es asesinado en Madrid y con él la coalición entre progresistas y demócratas moderados que había traído al rey es destruida. A partir de aquí el reinado de Amadeo de Saboya, primera prueba en España de la llamada Monarquía Parlamentaria, será un desastre tras otro. Para muestra un botón, en el sepelio de Prim el nuevo rey le dijo a la esposa del general que encontraría a los responsables, a lo que la mujer añadió: “No tendrá usted que buscar muy lejos, Majestad”, lo que da una idea del nivel de problemas que había en la corte real. En las Cortes tampoco iba a estar más a gusto, por ejemplo nada más jurar la Constitución el líder republicano Emilio Castelar le dijo al rey: “Visto el estado de la opinión, Vuestra Majestad debe irse, como seguramente se hubiera ido Leopoldo de Bélgica (sic, por Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen), no sea que tenga un fin parecido al de Maximiliano I de México...” Hay que recordar que Maximiliano I de México, monarca europeo colocado por Francia en este país latinoamericano, había sido fusilado por sus propios súbditos solo 3 años antes.

Muerto Prim a Amadeo de Saboya en España no lo quería nadie. No solo los republicanos se enfrentaban a él, sino que entre las fuerzas sobre las que a priori podía haber basado su reinado tampoco encontraba estima. Los viejos Carlistas habían vuelto a su deporte favorito de echarse al monte y habían organizado una nueva guerra para colocar en el trono a su candidato Carlos VII mientras que la Iglesia y la Alta Nobleza veían en Amadeo un advenedizo extranjero puesto por los revolucionarios y ansiaban la vuelta de los Borbones en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II. Y aunque sobre el papel en las Cortes carecían de poder dominaban otras facetas de la vida pública, los republicanos controlaban las grandes ciudades (Gobernaban en 20 capitales de provincia) con sus milicias, los carlistas poseían las zonas rurales de País Vasco, Navarra y Catalunya y la Alta Nobleza y la Iglesia podían hacer la vida en la corte imposible si la boicoteaban, como hicieron. A todo esto había que sumar una nueva guerra en Cuba, que seguía peleando por la independencia.

Amadeo I ante el cuerpo del General Prim
Curiosamente Amadeo de Saboya, vistas las circunstancias, fue capaz de mantenerse en el trono e incluso consiguió en cierta manera reconstruir la coalición que había creado Prim y crear un bipartidismo sobre el cual basar su gobierno (Otra cosa que tampoco es nueva…). De la mano de los Progresistas, de cariz más conservador y dirigidos por Sagasta (Eterno superviviente, será la pata izquierda de la Monarquía siguiente, la de Alfonso XII, junto a Canovas) y de los Radicales Demócratas de Ruiz Zorrilla la monarquía pareció recuperar la normalidad, hasta que la esclavitud hizo saltar todo por los aires. Ruiz Zorrilla buscó solucionar el problema en Cuba aboliendo la esclavitud (aún existía en las colonias por entonces) y entregando mayor autonomía a los cubanos; esto hizo estallar al lobby negrero llamado Circulo Hispano-Ultramarino que inició una campaña brutal para terminar con el gobierno alegando a una posible “rotura de España” si se cedía en Cuba (nos sigue sonando, ¿Verdad?). Finalmente la puntilla llegó, de nuevo, de los militares; el Arma de Artillería, que no deseaba servir bajo un General de Infantería, se enfrentó al rey que acabó por disolverla, disolviendo con ello su reinado.

El 10 de Febrero de 1873 Amadeo de Saboya, hasta la polla de los españoles, abdicaba y se volvía a Italia cansado y asqueado de tratar de gobernar un país que no dejaba gobernarse. “Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha…” El pobre hombre no podía más y otra oportunidad de modernizar el país se perdía. Esa misma tarde las Cortes, ante la evidencia, proclamaban la I República porque no quedaba otra opción realmente… La República, como la monarquía anterior, nació muerta, debido a sus pocos apoyos y la división de los republicanos. Tanto es así que en nueve meses de República se sucederán cuatro gobiernos y un golpe de estado. ¿Y luego? Luego los borbones, los caciques, el turnismo, las dictaduras militares… hasta 1931. Pero eso es otra historia.

La soledad del Rey

martes, 29 de marzo de 2016

Un pantalón genocida




Ayer, comentando el capítulo de Ministerio del Tiempo en Twitter (no hay spoilers, tranquilos), serie que os recomiendo profundamente, tuve una pequeña conversación sobre el “Rayadillo”, el uniforme de las tropas coloniales españoles que pudo verse en la serie. Este uniforme fue adoptado en 1868 y duró hasta el final de las colonias españolas de ultramar en 1898 y era un intento de adaptarse a la pólvora sin humo y buscar uniformes de baja visibilidad. El “Rayadillo”,  como su propio nombre indica, buscaba conseguir esto gracias a la superposición de rallas azules y blancas, lo que le daba de lejos un tono azulado que podía confundirse con el paisaje.

¿Y porque hablo de esto? Porque hoy vamos a hablar sobre uniformes de baja visibilidad y como las distintas naciones trataron de adaptarse a la pólvora sin humo y a la necesidad de confundirse con el paisaje para no convertir a sus soldados en dianas andantes. Los uniformes multicolores y coloridos típicos de las Guerras Napoleónicas habían ido quedándose anticuados durante el S. XIX debido al avance de la tecnología militar, que había aumentado el alcance útil de muchas armas y con ello la distancia a la que se combatía. Esto se sumaba a la aparición de la pólvora sin humo, que permitía que el campo de batalla no se viera envuelto en una neblina que ocultaba amigos y enemigos y convirtiendo la necesidad de confundirse con el terreno en algo importantísimo.

Las primeras pruebas llegaron en la Guerra de Secesión Norteamericana entre 1861 y 1865, donde el Ejercito Confederado empezó a vestir de gris, complicando con ello el tiro de los unionistas. Pese a la derrota sudista algunos tomaron nota de la importancia de disimular sus uniformes, entre ellos España, que estrenaría el “Rayadillo” solo tres años después. Curiosamente las grandes potencias europeas tardaron bastante más en adaptarse a los nuevos tiempos y solo Reino Unido, tras los problemas sufridos durante la Segunda Guerra Bóer (donde fueron cazados como conejos por los tiradores afrikáans, que pese a no usar uniformes sí que vestían de colores oscuros) adoptaron nuevos uniformes antes de la llegada del S. XX.

El Rayadillo en el Ministerio del Tiempo

Por poner un ejemplo cuando los estadounidenses desembarcaron en Cuba durante la Guerra de 1898 algunos españoles destacarían que su uniforme azul vivo los convertía en dianas perfectas, lo que explica el alto número de bajas que sufrieron frente a las mal suministradas fuerzas españolas pese a ser una guerra corta y victoriosa. Bueno, a este ratio de bajas también ayudo el maravilloso fusil Mauser (que también usarían los Bóers) y el combatir a la defensiva, pero la idea general es que ante la potencia de fuego moderna lo mejor era ser lo menos visible posible.

Por tanto podemos decir que a inicios del S. XX quien más y quien menos ya había visto la efectividad de los uniformes apagados para no ser cazados como conejos en caso de guerra. Pese a ello potencias como Alemania, Rusia o Austria-Hungría necesitarían aun la primera década del siglo para adoptar los uniformes y aun lo harían entre las protestas de muchos de sus líderes. Por ejemplo el Emperador Francisco Jose I consideraba el nuevo uniforme austrohúngaro vulgar, mientras que el encargado de explicarle al Kaiser Guillermo II las ventajas de los nuevos uniformes calificó la reunión con el monarca como desagradable.

Pero una de las potencias llegó tarde al cambio, hablamos, como no, de Francia. Y eso que curiosamente durante toda la época de la Paz Armada se mostraron abiertos a las mejoras tecnológicas y adaptaron todos los avances que pudieron a la guerra. Si señores, aunque suene extraño la Francia posterior a Napoleón hizo un buen trabajo en algún momento de su historia en el ámbito militar. La derrota en la Guerra Franco-Prusiana de 1870 les había despertado del letargo de autocomplacencia en el que vivían desde las Guerras Napoleónicas y había hecho que los 40 años anteriores a la Primera Guerra Mundial su ejército se convirtiera en una maquina casi perfecta.

Soixante-Quinze francés
Con una guerra frente a Alemania en el horizonte Francia era consciente de que estaba en inferioridad, sobre todo demográfica. No es solo que la población alemana fuera mayor, es que además crecía mientras la francesa se mantenía estancada. Crearon un estado mayor, aumentaron el servicio militar, prepararon una movilización perfecta… Y a ello le sumaron avances tecnológicos como su maravilloso cañón de 75mm, el Soixante-Quinze francés, el primer cañon de tiro rápido (no necesitaba ser reapuntado tras cada disparo) y que no solo sería básico durante la Gran Guerra sino que incluso llegaría a ser usado en la Guerra Civil Española casi 30 años después.


Entonces, ¿Qué ocurrió con los uniformes? Que simplemente llegaron tarde. Hasta antes de la Gran Guerra el Ejercito Francés usaba un uniforme muy característico, casaca azul, pantalón rojo y el quepis azul en la cabeza. Nada de baja visibilidad ni cascos de acero; todo muy elegante y napoleónico, además de patriótico. En el fondo el rojo y el azul, junto a correajes y otros detalles en blanco, eran los colores de Francia y se esperaba que el soldado francés, vestido con la tricolor, combatiera con mayor ahínco contra los enemigos de su patria. Y este, y no otro motivo, fue el que llevo a los franceses a entrar en la Gran Guerra como dianas andantes.

Y ojo, los motivos no fueron militares, sino mucho más prosaicos. Los teóricos militares hicieron bien su trabajo y tan pronto como en 1903 y al calor de la Segunda Guerra Bóer empezaron los experimentos para cambiar los uniformes y adaptarlos a la nueva manera de hacer la guerra. La primera prueba, como no, siguió la moda afrikáans y se llamó “tenue boër”, ya que incluso incluía un sombrero semejante al que usaban los combatientes sudafricanos. Pese a todo no gusto en el ejército e incluso uno de los oficiales de los regimientos con el nuevo uniforme llego a decir a sus hombres que aunque ahora tuvieran un uniforme “feo” seguían perteneciendo al ejército francés.

El "tenue boër"

Las pruebas continuaron y en 1911 ante la evidencia de la necesidad de un cambio se probó con el “tenue réséda” que pese a su color verde grisáceo y su capacidad para confundirse con el terreno no recibió sino críticas desde todos los ámbitos: fue pitado en un desfile, criticado por los conservadores por ser poco patriótico y por algunos militares por eliminar el rojo, que era lo que daba valor a la tropa. Incluso la prensa llegará a decir que es un uniforme de mozo de cuadra y acusa a los francmasones de crearlo para reducir el prestigio del ejército.

El "tenue réséda"

Así las cosas las discusiones llegarían hasta 1913 cuando con los conservadores en el poder el Ministro de Defensa Eugène Étienne llegara a decir en la Cámara de Diputados que “Supprimer le pantalon rouge? Non! Le pantalon rouge, c´est la France.” (¿Suprimir el pantalón rojo? ¡No! ¡El pantalón rojo es Francia!) Y con esto quedó cerrada la discusión hasta que al año siguiente, a las puertas de la guerra y con un nuevo Ministro de Defensa, Adolphe Messimy, se decidió por fin adoptar el “tenue bleu-horizon” como nuevo uniforme. ¿El problema? Que tantas discusiones hicieron que la decisión llegara tarde, por lo que no llegó a las tropas hasta 1915.
El "tenue bleu-horizon", por fin un uniforme decente

Así que durante los primeros meses de la guerra los franceses tuvieron que combatir con su patriótico y elegante pero poco práctico uniforme, convirtiéndose en dianas andantes para los tiradores alemanes. Ello, sumado a la táctica francesa que insistía en el ataque a ultranza (con oficiales a caballo y sable en mano) y a pecho descubierto contra ametralladoras, alambradas y tiradores, hizo que nada más durante la Guerra de Movimientos de 1914 los franceses perdieran algo menos de medio millón de hombres entre muertos y heridos.

Obviamente no todo fue culpa del uniforme, pero sí que muchos tiradores alemanes destacaron que la vistosidad de los franceses facilitaba la puntería y ayudaba a hacer blanco en ellos. Otros, como Edwin Rommel, añadirían al peligro del uniforme francés las cacerolas y enseres para hacer la comida que los soldados llevaban al cuello, levantando reflejos que facilitaban verles entre los campos de maíz. Pese a todo, podemos decir que con total seguridad el pantalón rojo del uniforme francés es una de las prendas de ropa que más muertos ha causado en la historia.
Todos ordenaditos para morir por Francia

miércoles, 9 de marzo de 2016

La importancia de la palabra


No es la primera vez que trato en este blog sobre temas relacionados con los problemas de la izquierda para encontrar un discurso valido y que llegué a los trabajadores. Y es que si en un momento pasado hablamos de cómo el Frente Nacional Francés conseguía avanzar electoralmente con muchas ideas, sobretodo en la vertiente económica, que podían considerarse de izquierdas la más que previsible victoria de Donald Trump en las primarias republicanas estadounidenses con unas ideas que cuadrarían perfectamente en cualquier partido de izquierdas (otras no, obviamente…) no deja de apoyar la teoría.

Pero hoy vengo a hablar de otras cosas. Ayer, día 8 de Marzo, fue el Día de la Mujer Trabajadora, y quizá debería haber subido este artículo ayer, pero quería dejar pasar el tiempo porque quería realizar un pequeño experimento que os mostraré al final. Por ponernos en contexto, el día 8 de Marzo conmemora la lucha de todas las mujeres trabajadoras por conseguir la igualdad respecto a los hombres. Con ello se busca homenajear todos los avances conseguidos y reclamar todos los que quedan por conseguir.

Es importante esto último. El 8 de Marzo no es el “Día de la Mujer”, sin más, es el “Día de la Mujer Trabajadora”. No es una celebración, ni motivo de júbilo, ni nada parecido a cualquier otra fiesta del Corte Ingles. Es por ello que ayer tuve distintas discusiones, tanto en Twitter como en otros medios, sobre la importancia de la última palabra, porque no es posible separar esta reclamación de igualdad de otras semejantes basadas en la lucha obrera. Porque la opresión es inherente al sistema capitalista y no es posible librarse de ella sin terminar con él también.

Es por ello que actos como los famosos carteles de Podemos, más allá de la poca consideración de poner a hombres como sus protagonistas, no son más que propuestas que complican la lucha. La eliminación de la palabra trabajadora en unos carteles de una formación que dice llamarse de izquierdas es un error enorme, incluso una traición. Pero no debería de extrañar a nadie, es otro paso más hacia la eliminación de cualquier referencia a la lucha obrera en la política “oficial”. Es más importante cambiar el nombre al Congreso de los Diputados que plantearse que hacer para lograr una igualdad real… Porque claro, cuando empiezas a plantearte cómo lograr dicha igualdad los pilares del sistema capitalista se tambalean, y eso no interesa a nadie, ni siquiera a los “progresistas”.

 Y para terminar el pequeño experimento, ayer publique en Facebook dos comentarios sobre el tema. Uno bastante neutro, simple, políticamente correcto, y sencillo de leer y digerir. ¿Conclusión? Éxito tremendo. Muchos Me Gusta y Compartidos. Es fácil de compartir y no se “moja” en exceso. Un tiempo más tarde publique otro escrito, más complejo, y escrito por Lenin, donde se incluían otras ideas quizá con menor aceptación política. ¿Qué ocurrió? Comparad los números…





jueves, 3 de marzo de 2016

Curiosidades Históricas - Beberse una colección de muertos


Para muchos la historia es considerada como la sucesión de grandes hechos realizados por grandes personas que han acabado llevando a la humanidad a lo que es en la actualidad. Por supuesto, la historia es algo mucho más que eso, aunque como es de esperar los ecos que nos han llegado de la antigüedad son los de los grandes momentos, hechos como el nacimiento de un campesino o la compra de un nuevo torno por un artesano no quedaban recogidos en las crónicas de la época; como es de esperar. Pero que hayan llegado pocas pequeñas historias no significa que carezcamos de ellas, aunque la gran mayoría tengan relación con hechos o personajes conocidos, como es lógico. En este blog somos aficionados a estas pequeñas historias y hoy vamos a narrar otro pequeño pedacito curioso de historia.

El gran personaje alrededor del cual gira nuestra historia es Pedro I de Rusia, apodado “El Grande”, con gran razón por cierto. Si esto fuera un libro de historia diríamos que Pedro I Romanov fue el creador de Rusia tal como la conocemos en la actualidad, nacido en el año 1672, subió al trono en 1682, con solo diez años, sucediendo a su hermano Teodoro III. Eso sí, no lo hizo solo, y es que su medio hermano, Iván V, tenía preferencia en la sucesión, pero debido a sus problemas físicos y mentales la Asamblea de Boyardos (Nobles Rusos) decidió que ambos gobernaran el país.

Pedro el Grande
Esta diarquía, sumada a la minoría de edad de ambos, sumió a la corte rusa en el caos. Curiosamente ambas facciones estaban dirigidas por mujeres, por un lado la madre de Pedro, la regente Natalia, y por otro lado la hermana de Pedro e Iván, la Zarevna Sofia. Esta última fue la vencedora y dominó a sus dos hermanos gobernando a su sombra. Esto llevó a que Pedro pudiera crecer prácticamente libre de control, visitando incluso los barrios de extranjeros que había en Moscú (la sociedad de la época era terriblemente xenófoba y se consideraba superior a los occidentales, obviamente comprendía la necesidad de tener extranjeros en sus ciudades para el comercio pero los apartaba y recluía en barrios). Estos contactos y la ausencia de una educación formal hicieron que Pedro fuera más abierto que sus contemporáneos y mirará a los extranjeros como gente de la cual aprender, no solo aprovecharse.

Finalmente entre 1689 y 1696 Pedro consiguió acumular todo el poder del estado en sus manos. Primero se libró de su hermana, a la cual encerró en un convento, luego de la influencia de su madre tras su muerte en 1694 y finalmente de su hermano, que también murió en 1696. Con 24 años y convertido en un gigante (seguramente un defecto genético, era alto, pero desproporcionado, con manos y cabeza pequeñas, y además sufría epilepsia) Pedro I empezó a modernizar a Rusia, tomando como ejemplo a los países occidentales.

Esta misión empezó en el ejercito, donde los viejos cuerpos, procedentes en su mayoría de finales de la Edad Media y del reinado de Iván el Terrible fueron eliminados y sustituidos por regimientos a la Europea. ¿El motivo? Gran parte del ejército era contrario a las reformas. Pero no se quedó ahí, obligo a los hombres a afeitarse las barbas y a las mujeres, hasta ahora siempre apartadas, a participar en las relaciones sociales, impulsó la educación fundando universidades y colegios superiores, fundó el primer periódico del país e incluso adaptó el calendario ruso al juliano (el viejo empezaba en Septiembre). Esto último acabaría siendo un problema, ya que mientras toda Europa adoptaba el Gregoriano Rusia se quedó con el Juliano ¡Hasta la Revolución de 1917!, dejando un desfase que causaría problemas en diversos momentos de su historia futura.

Estas reformas vinieron unidas de una gran expansión territorial, a la creación de una flota moderna, que le permitía dominar los mares que rodeaban el país, Pedro I añadió al Zarato de Moscú Kiev y alrededores, territorios en el mar de Azov, los países bálticos y extendió la colonización rusa de Siberia, tratando de hacer de dicho territorio una fuente de riqueza. Incluso llegó más allá, durante su reinado Vitus Bering, un marino danés bajo bandera rusa, descubrió Alaska, en el continente americano, permitiendo su colonización por Rusia. Pero su mayor obra seria San Petersburgo, fundada en los nuevos territorios ganados en el Báltico la ciudad se convertiría en la capital del Imperio Ruso hasta 1917. Todo esto le permitiría, finalmente, convertirse en Emperador de Rusia en 1721.

Dicho plan de modernización vino motivado por la llamada Gran Embajada que el Zar realizó al inicio de su reinado, entre 1697 y 1698, el objetivo sobre el papel era conseguir aliados contra el Imperio Otomano para poder conquistar Crimea. La embajada fue un fracaso ya que ningún país europeo se alió con Rusia, por lo que Pedro el Grande tuvo que conformarse con distintas bases en el mar de Azov. Pero este fracaso diplomático se vio eclipsado por el éxito a nivel de conocimientos. Rusia, con su Zar a la cabeza, abrió los ojos al mundo y pudo observar como vivan y trabajaban los hombres de ciudades tan dispares como Riga, Konisberg, Amsterdam, Londres o Viena, interesándose el Zar en profesiones como la de artillero, medico, dentista y, sobre todo, ingeniería naval. Todos estos conocimientos, y los expertos que traerá de vuelta con él de esta visita, permitirán a Rusia florecer en los siguientes años.

Y por fin llegamos a la gran anécdota (Es que Pedro El Grande me encanta y me apetecía contar todo lo de arriba, lo siento). De su visita a Europa Occidental el Zar se trajo de vuelta, para aumentar el conocimiento de sus súbditos, distintos objetos. Entre ellos estaba una gran colección de distintos especímenes (fósiles, rocas, plantas, embriones, fetos humanos y de animales) que había comprado al médico holandés Frederik Ruysch. La colección consistía en más de mil especímenes conservados, en su gran mayoría, en brandy, y el Zar esperaba que permitiera a los naturalistas de su país avanzar en sus conocimientos.

Frederik Ruysch

Y aquí viene la gracia de la historia. Según los rumores en el regreso a casa los marineros que custodiaban la colección la echaron a perder al beberse el brandy que la contenía, ya que no encontraron otra cosa que beber en medio del Mar Báltico. Esta historia, como hemos comentado alguna vez, triunfó por el simple hecho de que para gran parte de las personas de la época los marineros rusos eran poco más que borrachos sobre tablones que flotaban.

Como no, esta historia es falsa. Para empezar la colección no viajo con el Zar, sino que fue comprada años después, en 1717, tras la Gran Guerra del Norte, y llego intacta a San Petersburgo, nueva capital de Rusia. Hay varios datos que hacen que esta historia sea falsa, el primero de todos es que al brandy con que conservaba Ruysch sus especímenes contenía otros elementos, como mercurio o tintes, lo que lo haría poco apetecible para ser bebido. A ello hay que sumar que en 1698 Rusia no poseía aun puertos en el Báltico (los ganaría durante la Gran Guerra del Norte), ni una flota, ya que la construiría a posterioridad.
                                                               
Es curioso cómo estas historias curiosas siguen siendo publicadas por distintos medios o narradas aun siendo evidente su falsedad. Por ejemplo, yo leí esta historia en una revista como Muy Historia y su apariencia irreal me hizo buscar algo más de información, descubriendo lo que he explicado arriba. Es por ello que es importante no creernos todo lo que leemos y tratar de investigar algo más, para evitar que nos cuelen rumores como este.


lunes, 22 de febrero de 2016

Évole, otro publirreportaje con patas



Pensaba volver al blog tras casi un mes con otro texto sobre una curiosidad histórica, bastante más trabajado que este, y que tengo a medio terminar. Pero la actualidad ha mandado y hoy os dejaré con este texto, bastante más corto del que pensaba escribir, y más adelante os ofreceré el texto proyectado para hoy, así que no dejéis de estar pendientes de vuestras pantallas.

Ayer Salvados volvió a ser Trending Topic en Twitter de la mano de su programa #FashionVictims donde Jordi Évole, de nuevo, nos volvió a mostrar su enorme preocupación por las condiciones de vida de la clase obrera mientras hacía malabares para no pronunciar la palabra capitalismo durante todo el programa, que una cosa es hablar de lo mal que esta deslocalizar la producción y otra dudar de la base del sistema… Jordi Évole, esa mentira progre a la que muchos de “izquierdas” adoran como a Ana Pastor o Risto Mejide…

Leía en Twitter ayer por la noche una reflexión que me gustaría hacer mía, decía @FreedomForReal que Jordi Évole llamaría dictador a cualquiera que decidiera  nacionalizar Inditex. Y es que una cosa es hacer denuncias en televisión y otra muy distinta empezar a poner soluciones que salgan de las ideas principales del capitalismo, porque entonces los beneficios bajan… Y no olvidemos que las televisiones son empresas privadas. Ayer se buscaba más bien un “Pobrecitos” al pensar en los camboyanos que en una posible solución a sus problemas. Ya se sabe, el morbo da dinero.

Aunque lo peor de todo el programa fue el final, cuando la ingeniera textil María Almazán, salía a hablarnos de Latitude, su empresa, y a contarnos como habían empezado a crear ropa “sostenible” en Galicia y como era posible producir en España ropa, fue en ese momento cuando descubrí que todo lo que estaba viendo no era más que un publirreportaje de Latitude. Además una muy oportuno ya que curiosamente ayer empezaba un Kickstarter para buscar financiación. Detrás de ella hay distintas iniciativas de capital riesgo y la Xunta de Galicia, quien no quiera ver la relación es que ha cerrado los ojos.


Sobre cerrar los ojos saben mucho los otros dos grandes protagonistas de la noche de ayer, Juan Ramón Rallo y Daniel Lacalle, los dos adalides del liberalismo español, que tardaron poco a salir a la palestra a defender a Amancio Ortega y con ello al resto del sistema que se encargan de defender. Con su teoría económica en la mano la deslocalización a países del tercer mundo trae a estos países progreso, lo cual es bueno, pero no pasa de ahí. El problema es que ese “progreso” es meramente económico y no viene acompañado de condiciones laborales dignas o derechos laborales. Eso sí, esto en el fondo y con su teoría en la mano es lo mejor que podía pasar, sin trabas gubernamentales el capitalismo en su estado más puro puede florecer. Esto nos debería hacer pensar, el liberalismo trae las condiciones de trabajo del Sureste Asiático, sueldos bajos, muchas horas y explotación laboral; no les dejemos lograrlo. 

sábado, 23 de enero de 2016

Ever, Jonas, Parejo


Si hay algo que no me canso de repetir es que la afición del Valencia, la que día a día sufre esta pasión, es inteligente y sabe de fútbol. Quizá sea debido a que a golpe de sufrimiento y de vaivenes no nos ha quedado otra que aprender conceptos e ideas que otros ni siquiera se han planteado necesitar. Pongo un ejemplo, yo, que tengo formación económica, aprendí muchísimo más sobre negocios y economía del proceso de venta del Valencia que de algunos profesores de la Facultad.

Eso sí, igual que digo una cosa digo la otra… La afición del Valencia tiene tendencia a sentenciar con facilidad a jugadores (incluso a entrenadores) y una vez puesto el San Benito es casi imposible de quitar. A Ronald Koeman me remito, ni una Copa del Rey ni sus éxitos posteriores han hecho cambiar de opinión a los que le juraron odio eterno por apartar a un cáncer como Albelda. Que esa es otra, esto que digo no es algo que sea un secreto, y bien que los periodistas de esta ciudad se valen de ello según sus intereses.

Dicen que es mejor caer en gracia que ser gracioso, y esto es algo que se puede aplicar perfectamente a lo explicado anteriormente. Parejo bien sabe de lo que hablo… Jamás cayó en gracia a gran parte de la afición, su proveniencia (es canterano del Madrid), sus andares desganados sobre el campo o como comentaba por Twitter esta mañana, su cara de tonto, han hecho que se haya ganado una fama de vago y de desconectado que no acaba de merecer. Y sí, yo también lo he visto perder balones tontos, pero esto es algo que no es exclusivo de él.

Cuando las cosas no salen la búsqueda de explicaciones por parte de la afición suele tener un objetivo claro: el banquillo. El problema viene cuando el cambio en el banquillo no ayuda a remediar la situación, entonces la mirada suele tener dos posibles objetivos, el palco o el verde. Cuando es el palco las cosas se precipitan (recuerden los Llorente Vete Ya) pero cuando es el verde los gritos de “Jugadores Mercenarios” suele llevar aparejados la elección de una cabeza de turco.

La representación de este papel le ha tocado en esta crisis a Parejo, pese a que la imparcialidad que ofrecen las estadísticas nos demuestra que dista de ser el peor jugador del equipo, ni mucho menos. Pero al de Coslada le perjudica, más allá de los prejuicios, su posición en el campo. Cuando un equipo no funciona esconderse siendo delantero o defensa es mucho más sencillo que hacerlo siendo centrocampista, si a ello le sumamos la personalidad de Parejo y esa habilidad para pedir la pelota y no esconderse nos encontramos con un jugador que vive en el ojo del huracán. El mejor ejemplo de esto es comparar su reputación con la de su compañero de fatigas, André Gomes, el portugués, que sobre el verde es espectacular y carismático, se salva de las criticas pese a tener peores números y, lo que es peor, desaparecer de los partidos delegando la responsabilidad en un Parejo que no duda en pedir la pelota.

Esta sobreexposición acaba matando al futbolista, que termina por ver en la salida del club (renunciar a la capitanía es el primer paso) una solución a los problemas que está atravesando. Esto es algo que no es la primera vez que lo vemos, otros jugadores como Banega o Jonas, con más fama que realidad en sus críticas por parte de la grada, también vieron en la salida la mejor solución. Curiosamente en sus nuevos equipos su rendimiento volvió a ser el esperado cuando se vieron liberados de la presión. Este debe ser el espejo en el cual se está mirando Parejo, y por tanto entiendo perfectamente su deseo de salir y huir de Mestalla, está más que justificado.

La duda es. ¿Podemos permitirnos perder a Parejo? Con todos sus defectos y problemas sigue siendo el único jugador capaz de echarse a la espalda al equipo y hacerlo jugar con un mínimo de criterio. Si a ello le sumamos su clarividencia en la salida, su disparo lejano y su habilidad como lanzador de faltas, creo que el Valencia que queremos construir no puede permitirse el lujo de perderlo. Por supuesto, tiene defectos, pero es que si no los tuviera no estaría jugando aquí…