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lunes, 7 de noviembre de 2016

La Revolución de Octubre que fue en Noviembre


Hoy, 7 de Noviembre, se cumplen 99 años de la Revolución de Octubre, el momento más importante de la historia del S. XX y es por ello que considero que es un buen motivo para volver al blog. ¿En Noviembre? Os preguntareis. Si, efectivamente, la Revolución Rusa de 1917 fue en Noviembre pese a llamarse “De Octubre”. ¿El motivo? Más abajo en el texto, antes me gustaría ponernos en antecedentes.

A principios de 1917 el Imperio Ruso se resquebrajaba por momentos, la Gran Guerra había desgastado el país hasta el límite y la autocracia de Nicolás II no encontraba la manera de poner solución a los problemas del país. Pese a su enorme tamaño Rusia era un país atrasado respecto al resto de los contendientes, un gigante con pies de barro al que el tímido reformismo dirigido por el Zar Alejandro II tras la Guerra de Crimea (1856) y el crecimiento industrial de finales de siglo no había logrado dotar de la base suficiente para resistir un embate así. Por poner un ejemplo Rusia no abolió la servidumbre, terminando con el régimen feudal, hasta 1861.

Curiosamente este mismo problema era algo que las elites rusas, y sobretodo sus zares, habían detectado desde mucho antes de la llegada de la guerra. Esto llevó a una época de reformismo donde se intentó modernizar el país, primero a nivel político, con Alejandro II y acciones como el fin de la servidumbre, la creación de jurados y magistrados libres o la introducción de instituciones representativas, sobre todo a nivel local. Curiosamente cuando iba a culminar su reforma y dotar al país de una Constitución el Zar fue asesinado en su camino al Ministerio del Interior, culminando con la abertura del país. Esto hizo que su hijo, Alejandro III, y tras él su nieto, Nicolás II, volvieron a la autocracia y a la creación de un estado policial que garantizara su seguridad, limitando las reformas a la explotación de los recursos del país, con una tímida industrialización o la construcción de infraestructuras como el Transiberiano.

Y todas estas reformas, si bien funcionaron y permitieron cierta modernización económica del país, solo alcanzaron a las altas capas de la sociedad, mientras que el pueblo seguía con las mimas condiciones que sus antepasados de hacia siglos. Con un 85% de población rural el campesinado ruso, aunque libre de la servidumbre, seguía siendo dependiente de los mismos terratenientes que antes. Eso sí, ahora contaba con la opción de marchar a la ciudad a ser un obrero más de las fábricas que habían empezado a surgir en el país, la gran mayoría en manos de capital extranjero, mayoritariamente francés. Si a ello le sumamos la represión realizada por la policía secreta, un surgimiento de intelectuales deseosos de cambiar su país y la creación de grupos con ideologías como el marxismo o el anarquismo tenemos el caldo de cultivo preparado para una revolución.

Como vemos podemos afirmar que la Rusia que se iba a enfrentar a la Gran Guerra era un país con problemas y que necesitaba de un gran líder, pero que por desgracia solo contaba con Nicolás II. Un hombre que había perdido a su abuelo asesinado y a su padre tras una enfermedad con solo 49, heredando un vasto imperio a la edad de 26 años y sin haber estado preparado para gobernarlo, como él mismo reconoció. Tímido, retraído y voluble, no hizo sino agravar los problemas de Rusia, que culminarían con la entrada en una Gran Guerra en 1914 para la que no estaba preparado, lo que provocaría una revolución que lo costaría el trono en 1917 y finalmente la vida en 1918.

A todos estos problemas hubo que sumar la guerra, obviamente, con sus desastres militares, sus muertes en el frente, sus problemas de abastecimiento y sus subidas de precios, lo que agotó la confianza de los rusos en Nicolás II. Finalmente un durísimo invierno y la carestía de pan y calefacción en Petrogrado llevaron a una serie de manifestaciones que harían abdicar al Zar, tras verse abandonado por las tropas, en febrero, creándose un Gobierno Provisional de carácter burgués que prometió la creación de una Asamblea Constituyente y la realización de elecciones libres, pero la ausencia de votantes, movilizados en el frente, aplazó sine die estas reformas. Además tomo la decisión de seguir con la guerra, lo que acabaría provocando su caída.

Paralelo a este gobierno provisional se formaron ante la caída de la clase dirigente diferentes comités de obreros, soldados y campesinos a lo largo de todo el país, los llamados sóviets. Estos comités representaban, frente a la continuidad del Gobierno Provisional, los anhelos del pueblo ruso. En su programa podíamos encontrar peticiones como la paz con las Potencias Centrales, la implantación del sufragio universal, la jornada laboral de ocho horas o la creación de una Republica Democrática. Esta dualidad de poderes fue minando poco a poco al Gobierno Provisional, al que la guerra terminó por dar la puntilla. El fracaso de la Ofensiva Kerenski (Presidente del Gobierno Provisional) en verano y la llegada de los alemanes a Riga en Septiembre, a poco más de 500 kilómetros de Petrogrado, terminaría con el poco crédito con el que contaba Kerenski. Eso y un ejército en descomposición, que abandonaba el frente y marchaba a la capital precipitarían las jornadas de Octubre.

Mientras esto ocurría el partido bolchevique, comandado por Lenin, que había vuelto del exilio en Abril gracias a un salvoconducto alemán, se había organizado y poco a poco había conseguido controlar el Sóviet de Petrogrado, el principal del país.  Esto le permitió tomar el poder del país en nombre de los sóviets la noche del 24 al 25 de Octubre sin excesivos problemas ya que el Gobierno Provisional no presentó resistencia en el Palacio de Invierno, que fue tomado al asalto con solo cinco muertos. Aquel momento, que ni siquiera afectó a la vida de la ciudad (los tranvías siguieron funcionando, los teatros también, las tiendas no cerraron…) cambiaría la historia del mundo para siempre. Al día siguiente se creaba un nuevo gobierno bolchevique que no solo firmaría la paz con las Potencias Centrales sino que convertiría a Rusia en una potencia mundial capaz de detener a la Alemania Nazi y ganar la Segunda Guerra Mundial. Lo que no logró el zarismo en 60 años lo hizo el socialismo en solo 20.

¿Por qué afirmó que este momento es el más importante del S. XX? Por algo tan sencillo de entender como que dicho siglo no se puede entender sin la presencia de la Unión Soviética, surgida de aquella revolución. La derrota del nazismo, la Guerra Fría, o cuestiones tan triviales como las grandes mejoras de las condiciones de trabajo vividas por los trabajadores de los países capitalistas no pueden entenderse sin la presencia de la URSS. El miedo a la expansión de la revolución comunista permitió a los trabajadores de todo el mundo librarse de las políticas liberalizadoras y pro-empresa que vivimos en la actualidad.

Y para terminar volvemos a la base del principio. En el texto que acabo de escribir hay dos erratas, concretamente a nivel de fechas, la Revolución de Febrero fue en Marzo y la de Octubre en Noviembre. Bueno, o no del todo, depende de cómo lo miremos. Para un ruso en 1917 ambos sucesos ocurrieron en la fecha que hemos contado, pero por otro lado desde el punto de vista alemán o francés lo hicieron en Marzo y Noviembre. Y es que en una maravillosa metáfora la Rusia Zarista vivía “atrasada” respecto al resto del continente, concretamente 13 días en 1917. El motivo no era otro que el calendario, mientras que desde 1582 la Europa Católica usó el calendario gregoriano, Rusia y otros países ortodoxos (incluso algunos protestantes, Gran Bretaña no lo uso hasta 1752) siguieron usando el Juliano. Esto lleva a curiosidades como que la Revolución de Octubre fuera un 7 de noviembre, es decir, hace 99 años. Y como era de esperar esto tambien fue cambiado por la revolución, tras el 14 de Febrero de 1918 llego, de nuevo, el 31 de Enero de 1918, equiparando a Rusia con el resto de Europa.

jueves, 3 de marzo de 2016

Curiosidades Históricas - Beberse una colección de muertos


Para muchos la historia es considerada como la sucesión de grandes hechos realizados por grandes personas que han acabado llevando a la humanidad a lo que es en la actualidad. Por supuesto, la historia es algo mucho más que eso, aunque como es de esperar los ecos que nos han llegado de la antigüedad son los de los grandes momentos, hechos como el nacimiento de un campesino o la compra de un nuevo torno por un artesano no quedaban recogidos en las crónicas de la época; como es de esperar. Pero que hayan llegado pocas pequeñas historias no significa que carezcamos de ellas, aunque la gran mayoría tengan relación con hechos o personajes conocidos, como es lógico. En este blog somos aficionados a estas pequeñas historias y hoy vamos a narrar otro pequeño pedacito curioso de historia.

El gran personaje alrededor del cual gira nuestra historia es Pedro I de Rusia, apodado “El Grande”, con gran razón por cierto. Si esto fuera un libro de historia diríamos que Pedro I Romanov fue el creador de Rusia tal como la conocemos en la actualidad, nacido en el año 1672, subió al trono en 1682, con solo diez años, sucediendo a su hermano Teodoro III. Eso sí, no lo hizo solo, y es que su medio hermano, Iván V, tenía preferencia en la sucesión, pero debido a sus problemas físicos y mentales la Asamblea de Boyardos (Nobles Rusos) decidió que ambos gobernaran el país.

Pedro el Grande
Esta diarquía, sumada a la minoría de edad de ambos, sumió a la corte rusa en el caos. Curiosamente ambas facciones estaban dirigidas por mujeres, por un lado la madre de Pedro, la regente Natalia, y por otro lado la hermana de Pedro e Iván, la Zarevna Sofia. Esta última fue la vencedora y dominó a sus dos hermanos gobernando a su sombra. Esto llevó a que Pedro pudiera crecer prácticamente libre de control, visitando incluso los barrios de extranjeros que había en Moscú (la sociedad de la época era terriblemente xenófoba y se consideraba superior a los occidentales, obviamente comprendía la necesidad de tener extranjeros en sus ciudades para el comercio pero los apartaba y recluía en barrios). Estos contactos y la ausencia de una educación formal hicieron que Pedro fuera más abierto que sus contemporáneos y mirará a los extranjeros como gente de la cual aprender, no solo aprovecharse.

Finalmente entre 1689 y 1696 Pedro consiguió acumular todo el poder del estado en sus manos. Primero se libró de su hermana, a la cual encerró en un convento, luego de la influencia de su madre tras su muerte en 1694 y finalmente de su hermano, que también murió en 1696. Con 24 años y convertido en un gigante (seguramente un defecto genético, era alto, pero desproporcionado, con manos y cabeza pequeñas, y además sufría epilepsia) Pedro I empezó a modernizar a Rusia, tomando como ejemplo a los países occidentales.

Esta misión empezó en el ejercito, donde los viejos cuerpos, procedentes en su mayoría de finales de la Edad Media y del reinado de Iván el Terrible fueron eliminados y sustituidos por regimientos a la Europea. ¿El motivo? Gran parte del ejército era contrario a las reformas. Pero no se quedó ahí, obligo a los hombres a afeitarse las barbas y a las mujeres, hasta ahora siempre apartadas, a participar en las relaciones sociales, impulsó la educación fundando universidades y colegios superiores, fundó el primer periódico del país e incluso adaptó el calendario ruso al juliano (el viejo empezaba en Septiembre). Esto último acabaría siendo un problema, ya que mientras toda Europa adoptaba el Gregoriano Rusia se quedó con el Juliano ¡Hasta la Revolución de 1917!, dejando un desfase que causaría problemas en diversos momentos de su historia futura.

Estas reformas vinieron unidas de una gran expansión territorial, a la creación de una flota moderna, que le permitía dominar los mares que rodeaban el país, Pedro I añadió al Zarato de Moscú Kiev y alrededores, territorios en el mar de Azov, los países bálticos y extendió la colonización rusa de Siberia, tratando de hacer de dicho territorio una fuente de riqueza. Incluso llegó más allá, durante su reinado Vitus Bering, un marino danés bajo bandera rusa, descubrió Alaska, en el continente americano, permitiendo su colonización por Rusia. Pero su mayor obra seria San Petersburgo, fundada en los nuevos territorios ganados en el Báltico la ciudad se convertiría en la capital del Imperio Ruso hasta 1917. Todo esto le permitiría, finalmente, convertirse en Emperador de Rusia en 1721.

Dicho plan de modernización vino motivado por la llamada Gran Embajada que el Zar realizó al inicio de su reinado, entre 1697 y 1698, el objetivo sobre el papel era conseguir aliados contra el Imperio Otomano para poder conquistar Crimea. La embajada fue un fracaso ya que ningún país europeo se alió con Rusia, por lo que Pedro el Grande tuvo que conformarse con distintas bases en el mar de Azov. Pero este fracaso diplomático se vio eclipsado por el éxito a nivel de conocimientos. Rusia, con su Zar a la cabeza, abrió los ojos al mundo y pudo observar como vivan y trabajaban los hombres de ciudades tan dispares como Riga, Konisberg, Amsterdam, Londres o Viena, interesándose el Zar en profesiones como la de artillero, medico, dentista y, sobre todo, ingeniería naval. Todos estos conocimientos, y los expertos que traerá de vuelta con él de esta visita, permitirán a Rusia florecer en los siguientes años.

Y por fin llegamos a la gran anécdota (Es que Pedro El Grande me encanta y me apetecía contar todo lo de arriba, lo siento). De su visita a Europa Occidental el Zar se trajo de vuelta, para aumentar el conocimiento de sus súbditos, distintos objetos. Entre ellos estaba una gran colección de distintos especímenes (fósiles, rocas, plantas, embriones, fetos humanos y de animales) que había comprado al médico holandés Frederik Ruysch. La colección consistía en más de mil especímenes conservados, en su gran mayoría, en brandy, y el Zar esperaba que permitiera a los naturalistas de su país avanzar en sus conocimientos.

Frederik Ruysch

Y aquí viene la gracia de la historia. Según los rumores en el regreso a casa los marineros que custodiaban la colección la echaron a perder al beberse el brandy que la contenía, ya que no encontraron otra cosa que beber en medio del Mar Báltico. Esta historia, como hemos comentado alguna vez, triunfó por el simple hecho de que para gran parte de las personas de la época los marineros rusos eran poco más que borrachos sobre tablones que flotaban.

Como no, esta historia es falsa. Para empezar la colección no viajo con el Zar, sino que fue comprada años después, en 1717, tras la Gran Guerra del Norte, y llego intacta a San Petersburgo, nueva capital de Rusia. Hay varios datos que hacen que esta historia sea falsa, el primero de todos es que al brandy con que conservaba Ruysch sus especímenes contenía otros elementos, como mercurio o tintes, lo que lo haría poco apetecible para ser bebido. A ello hay que sumar que en 1698 Rusia no poseía aun puertos en el Báltico (los ganaría durante la Gran Guerra del Norte), ni una flota, ya que la construiría a posterioridad.
                                                               
Es curioso cómo estas historias curiosas siguen siendo publicadas por distintos medios o narradas aun siendo evidente su falsedad. Por ejemplo, yo leí esta historia en una revista como Muy Historia y su apariencia irreal me hizo buscar algo más de información, descubriendo lo que he explicado arriba. Es por ello que es importante no creernos todo lo que leemos y tratar de investigar algo más, para evitar que nos cuelen rumores como este.


lunes, 23 de noviembre de 2015

Curiosidades Históricas - La Carga contra los Panzer


Si algo tiene la Segunda Guerra Mundial son curiosidades, mitos y leyendas. Que medio mundo se dedique a matar al otro medio es lo que tiene, que permite grandes actos extraños, alguno de los cuales ya han sido comentados aquí. Uno de estos mitos, seguramente el primero si hablamos a nivel cronológico, es la Carga de la Caballería Polaca, heredera de los míticos Húsares Alados, contra los tanques alemanes que invadían Polonia en Septiembre de 1939. La historia gano rápidamente fama ya que era una demostración del honor polaco, de la capacidad de su mítica caballería, del deber patriótico… Y por desgracia falsa. Sí. Como lo leéis. Completamente falsa. Eso no ha evitado que muchos historiadores la den por real. ¿El motivo? Pega bastante con el carácter polaco, como veréis a continuación.

Polonia es un país antiguo, que remonta sus raíces al viejo Ducado de Polonia, creado en el año 962 por el Duque Misceslao I, que fue el primero en convertirse al cristianismo. Situado entre germanos y eslavos el Ducado se fortalecería y crecería durante la Edad Media, alcanzando el rango de Reino en el S. XIII. Este crecimiento se afianzaría en el año 1385 cuando el dirigente de la última gran potencia pagana de Europa, el Gran Duque de Lituania Vladislav II, se casaba con la Reina de Polonia y unía ambos reinos en la Unión de Krewo. Esta unión, en un principio meramente personal, con un Rey que reinaba en ambos reinos por separado, se convirtió en una unión completa en 1569, cuando tras la muerte sin herederos del rey anterior los nobles polaco-lituanos decidieron unirse formando un solo estado por la Unión de Lublin.

A partir de la Unión de Lublin podemos hablar de un nuevo estado, la Mancomunidad Polaco-Lituana, una monarquía electiva donde los nobles de ambas naciones, reunidos en el Sejm decidían no solo a su rey, sino las leyes fundamentales del país. Es considerado por muchos el primer ejemplo de monarquía parlamentaria en Europa. Verdad era que solo la nobleza tenía derecho de voto, pero eso suponía un 10% de la población, cantidad mucho mayor que en otros estados europeos incluso en tiempos posteriores (solo el 3% de la población tenía derecho a voto en Gran Bretaña en 1867).


Esta Mancomunidad Polaco-Lituana se convirtió en una de las grandes potencias de Europa en ese momento; con un territorio que iba desde el Báltico hasta prácticamente el Mar Negro, como se ve en el mapa superior, con grandes ciudades como Cracovia, Varsovia o Vilna. Esto le permitió vivir una Época Dorada durante casi un siglo, pero su situación entre grandes potencias como Rusia, Suecia, el Sacro Imperio Romano o el Imperio Otomano acabo por perjudicarle, debido sobre todo a su falta de estabilidad interna causada por su forma de gobierno. El final de esta época llegó en 1655, con el conocido como el “Diluvio”.

El “Diluvio” es una época de la historia Polaco-Lituana que está relacionada con las llamadas Guerras del Norte, que enfrentaron a Rusia, Suecia y Polonia-Lituania  y a sus distintos aliados por el control de la costa del Báltico. Estas guerras desgastaron en exceso a la Mancomunidad que no pudo hacer nada para detener la invasión sueca en 1655, produciéndose un “diluvio” de tropas suecas. A esto se unió el cambio de bando de algunos nobles, lo que llevó a la pérdida de un cuarto de la población del país y al destrozo de su economía y sus infraestructuras. Esto además llevó a la independencia del Ducado de Prusia, que se uniría a Brandeburgo, creando problemas mayores en el futuro.

Este momento marcaría el principio de la decadencia del país y curiosamente el inicio de sus grandes hazañas bélicas, poco provechosas para el país pero que generaron un prestigio y una fama enorme a los combatientes polacos. El primero de estos combatientes fue Jan Sobieski, noble polaco que combatió a los Suecos durante el “Diluvio” y que gracias a su capacidad se convirtió en hombre de confianza del rey Jan II Casimiro. Sus victorias contra cosacos, turcos y distintos nobles rebeldes devolvieron la confianza y el prestigio al ejército polaco-lituano, este prestigio también le ayudó en sus ambiciones, ya que en 1674, tras la muerte de Miguel I, sucesor de Jan II Casimiro, fue elegido rey por el Sejm, convirtiéndose en Jan III Sobieski.

Jan III Sobieski
El inicio de su reinado se vio marcado por una nueva guerra contra los turcos, en la que salió victorioso, y en 1676 por fin, tras casi 30 años de guerras continuas, la Mancomunidad Polaco-Lituana conoció la paz. Jan III Sobieski, casado con una francesa, se acercó durante este periodo de paz a Luis XIV de Francia. El soberano francés le influenció  en muchas de sus decisiones y esto permitió que su corte se convirtiera en refugio de artistas, escritores y poetas, gracias a su mecenazgo, pero también generó en él ambiciones absolutistas, creándole problemas con la nobleza y el Sejm, con el que viviría en constante lucha.

En mitad de esta lucha llegó la primera gran hazaña realizada por un ejército polaco sin mucho sentido pero con mucho valor. En 1683, el Emperador Leopoldo I de Habsburgo mandaba a la cristiandad un llamado de auxilio, ya que un Ejército Otomano estaba avanzando, imparable, hacia Viena, ya que con el emperador refugiado en Linz y con la defensa en manos de 16.000 hombres la ciudad parecía perdida. El Rey de Polonia-Lituania decidió responder al llamado y en un ambiente de franca rebelión, Sobieski convocó al Sejm para pedirles un esfuerzo. Esto enfureció a algunos nobles, que ya estaban cansados de las políticas de Sobieski y creían que nada se le había perdido a Polonia en Austria (A ello hay que sumarle que Francia, deseosa de debilitar a Austria, había sobornado a algunos de ellos) Sobieski, cansado de esperar y harto de su nobleza marchó hacia Viena con un pequeño ejército que había reclutado el mismo dejando atrás el terreno abonado para la rebelión e indefenso ante cualquier ataque desde Hungría (aliados de los Otomanos).

Esta expedición se unió al ejército reclutado por los Habsburgo en el Sacro Imperio y que reunía tropas de pequeños estados como Sajonia, Baviera, Suabia, Franconia… dirigidos por Carlos de Lorena, Generalísimo de los Ejércitos Imperiales. Ambos llegaron a Viena y levantaron el asedio derrotando en poco más de media hora al Gran Visir Kara Mustafa en la batalla de Kahlenberg, donde los Húsares Alados Polacos, la elite de la caballería pesada, orgullo de su país, tuvieron un gran protagonismo liderando la carga final bajo el mando de su rey. Jan III Sobieski, orgulloso, escribió una misiva al Papa Inocencio XI anunciándole la victoria parafraseando a Julio Cesar: "Vinimos, vimos y Dios venció". Esta victoria, y muchas otras hazañas inútiles que se producirían después, llevarían al escritor polaco del S. XX Boy-Żeleński a afirmar que “Los húsares polacos siempre se lanzan a la carga hacia cualquier punto donde no se les ha perdido nada.”

Los Húsares Alados Polacos
Esta victoria, que lo consagró como uno de los grandes militares de su tiempo, fue fatal para su país, que no solo tuvo que sufrir una invasión húngara prácticamente indefenso, sino que se vio salpicado por multitud de rebeliones y de luchas internas; lo que provocaría su decadencia final. El S. XVIII fue de constantes problemas para la Mancomunidad, que poco a poco fue cayendo bajo la influencia de sus tres poderosos vecinos, el Sacro Imperio, representado en los Habsburgo, el Reino de Prusia y Rusia. Aunque entre 1788 y 1792 hubo grandes intentos de reforma, como la creación de la que sería la primera constitución redactada en Europa en 1791, nada pudo evitar la llamada “Repartición de Polonia” entre Rusia, Prusia y Austria en 1795.

Estos problemas internos y la posterior repartición llevaron a distintos polacos al exilio, ya fuera por cuestiones políticas o meramente por hambre. Por ejemplo dos de los exiliados políticos fueron Kazimierz Pułaski y Tadeusz Kościuszko, que se vieron obligados a exiliarse tras liderar distintos levantamientos contra la influencia rusa y terminaron, como los Húsares Alados de Sobieski, en un lugar donde no se les había perdido nada, América del Norte. Ambos colaboraron como generales en la Independencia Americana mientras su país era desmembrado; muriendo incluso Pułaski en la Batalla de Savanah.


A partir de aquí Polonia desapareció de la historia durante casi dos siglos pero no lo hicieron los polacos, que siguieron combatiendo en guerras en las cuales no se les había perdido nada por honor o esperando simplemente ayuda para recuperar su país. Unos de los que tuvieron éxito fueron los polacos de las famosas Brigadas Polacas de Napoleón, creadas con exiliados tras las particiones y que acabarían creando el Gran Ducado de Varsovia en 1807, pero que desaparecería, absorbido por el Imperio Ruso, tras el Congreso de Viena. Pero no fueron los únicos, regimientos de polacos lucharon en distintas guerras del S. XIX, como la de Unificación de Italia o en la Franco-Prusiana, siempre de la mano de sus amigos franceses. El éxito llegaría más de un siglo más tarde, en la Primera Guerra Mundial.

Durante la Gran Guerra los polacos se vieron obligados a combatir en ambos bandos en el Frente Oriental, sobre todo en las filas de Austro-Húngaros y Rusos (la población polaca que quedaba bajo control alemán era más bien poca), pero también fue posible verles, como no, junto a los franceses en el Frente Occidental. Más de 100.000 polacos (la mayoría emigrantes que habían salido de Polonia por el hambre tiempo atrás) se alistaron en la Legión Extranjera, de nuevo lanzándose a la carga en sitios donde más bien pintaban poco. Este esfuerzo, por suerte, sí que tuvo recompensa, y gran parte de estos combatientes pudieron volver a su país tras la guerra, ya que volvía a ser independiente.

¿Y que se encontraron al regresar? Más guerra. Convencidos por las potencias aliadas para que atacaran la Revolución Bolchevique se vieron inmersos en la Guerra Ruso-Soviética entre 1919 y 1920 y que cerca estuvo de dejarlos, de nuevo, sin país. Abandonados a su suerte por sus aliados, algo a lo cual los polacos ya estaban acostumbrados, consiguieron salvar los muebles en la Batalla de Varsovia y mantener su soberanía intacta. Esto dejó a los polacos con un país independiente, pero de nuevo bajo la amenaza de dos grandes potencias, Alemania y Rusia, y además con fronteras difícilmente defendibles, como el corredor polaco entre Alemania y Prusia Oriental.


Tras el periodo de entreguerras llegamos a la Segunda Guerra Mundial y al momento de nuestra anécdota actual. Un breve repaso a la historia polaca nos muestra porque el mito de la “Carga contra los Panzers” es fácilmente creíble; y es que esas muestras de valentía sin sentido ni beneficio formaban parte de la idiosincrasia polaca. En realidad el mito fue creado por unos reporteros de guerra italianos sobre una base real, como veremos a continuación. La tarde del 1 de Septiembre, primer día de la guerra, los alemanes avanzaron por el corredor polaco tratando de unir su territorio. Con el Ejército Alemán avanzando imparable los polacos, abandonados por sus aliados de nuevo, trataron de retirarse en orden, dejando para cubrir la retirada al  18º Regimiento de Caballería. Estos lanceros trataron de retrasar el avance alemán atacando sus flancos y curiosamente lograron varios éxitos, matando a varios alemanes y desorganizando las formaciones. Pero finalmente un error les hizo encontrarse con unas pequeñas tanquetas ametralladoras alemanas, que abrieron fuego haciendo una carnicería entre la caballería. Cuando al día siguiente los reporteros vieron los cadáveres los alemanes les afirmaron que habían sido derrotados mientras cargaban contra las tropas acorazadas. Los polacos, encantados con el mito, lo hicieron suyo, igual que los alemanes, que lo usaron para mostrar a los polacos como un pueblo atrasado.

Para no romper la tradición los polacos, durante la Segunda Guerra Mundial, siguieron combatiendo en lugares donde no se les había perdido nada, y tras huir de su país retirándose de dos ejércitos (Del alemán y el soviético, que se unió a la fiesta) se retiraron a Rumanía y Hungría, donde llegaron armados y en perfecto orden. Estos países les desarmaron pero les permitieron abandonar el país y marcharse a Francia y Reino Unido, donde seguirían combatiendo por todo el mundo, llegando a formar una compañía, la 1ª División Acorazada Polaca que lucía como símbolo las alas de los húsares de Sobieski. Siguiendo con su sino estos hombres se encontraron al volver a su país tras la contienda con otra guerra civil, llegando incluso a verse obligados a unirse a los partisanos anticomunistas… Pero eso es otra historia.

lunes, 28 de septiembre de 2015

El Abominable Espía de las Nieves



La de hoy va a ser corta, pero es una de las entradas que me gusta escribir en el blog ya que condensan en poco espacio algo curioso que ha ocurrido durante la historia y que creo que es importante compartir. No pasa de ser una anécdota, como veréis a continuación, pero una anécdota curiosa y graciosa.

En esta ocasión vamos a viajar a la Unión Soviética que empezaba su “Gran Guerra Patriótica”, concretamente a 1941. Mientras millones de soviéticos defendían su tierra de la invasión nazi la paranoia estalinista, que ya había descabezado por completo al Ejército Rojo, se había contagiado a gran parte del estado y en todos lados se buscaba con ahínco espías entre los habitantes de la URSS.

Pero uno de los sospechosos de espionaje era alguien especial, o al menos eso contaba el periódico soviético Trud en 1982; siendo esta la principal fuente de la que mama esta historia y de la cual se hizo eco el periódico El País aquí en España. Al parecer todo ocurrió en la región de Daguestán, territorio soviético, ahora ruso, que se encuentra en el Cáucaso, junto a Georgia y en la frontera con Turquía. Su situación geográfica, cercana a la frontera y muy desértica, y política, había sido territorio blanco durante la Guerra Civil Rusa y había habido movimientos separatistas, la hacían blanco del contraespionaje soviético. Y quizá en ese exceso de celo de la seguridad por parte de Moscú se encontraría la explicación a este fenómeno.

Imagen del Daguestán
En otoño de 1941, por tanto, en la región del Daguestán el contraespionaje soviético detuvo a un extraño ser que parecía ser el mítico Abominable Hombre de las Nieves. Los soldados, sorprendidos por su hallazgo, hicieron que el Teniente Coronel Karapetian, médico militar, examinará al detenido y les ofreciera un veredicto. Su opinión como médico, que nos ha llegado gracias al informe que redactó, es la siguiente: "Sin duda era un hombre, porque todas las partes de su cuerpo eran humanas, pero el pecho, la espalda y los hombros estaban cubiertos por un intenso pelo de color castaño. Era muy grande, con hombros anchos y grandes músculos".
                    
Sin embargo, en su opinión profesional, el ser recién encontrado, pese a ser humano, no podía ser un espía ni estar dedicado al sabotaje ya que su mirada era inexpresiva y tenía gestos más semejantes a un animal que a una persona. A ello hay que sumarle que durante todo su cautiverio, de alrededor de dos semanas, ni comió ni bebió, sudando además en exceso. Tanto es así que finalmente fue puesto en libertad, al no ser considerado un espía, algo que remarca el Teniente Coronel Karapetian en su informe: “No sé qué ser vivo cayó en nuestras manos. Lo dejamos en libertad y el hombre salvaje regresó a las montañas".

Por supuesto, esta historia, pese a ser real y estar documentada, no nos permite afirmar que a quien los soviéticos detuvieron fue al Yeti. Es más, hasta hay otras versiones que narran que finalmente el pobre detenido acabó siendo fusilado, aunque Karapetian no haga referencia a ello. En realidad, historias de gente extraña que había estado viviendo apartada de la sociedad en Rusia han existido siempre, incluso se encontró, en 1978, a una familia, los Likov, que había sobrevivido casi 40 años sin tener contacto con la sociedad, soportando incluso inviernos con temperaturas de -50ºC.

Además, la historia del Yeti no era algo ajeno a la sociedad soviética, siempre interesada en cuestiones extrañas y mitología, incluso durante la década de los cincuenta la Academia de Ciencias hizo una investigación al respecto. Por tanto podemos considerar que simplemente fue un hombre salvaje a quien encontraron los policías soviéticos en Daguestán. O en realidad fue el Yeti y lo dejaron escapar. Quién sabe.

viernes, 31 de julio de 2015

Curiosidades Históricas - Cuestión de familia


Si os digo que podemos afirmar sin ningún atisbo de duda que el actor Clint Eastwood y el ex presidente de los Estados Unidos George W. Bush están emparentados. ¿Qué me responderíais? ¿Qué es una locura? Pues bueno, puede ser, pero más locura es si sigo añadiendo nombres, la gran mayoría nombres importantes de la historia de los Estados Unidos. Por ejemplo Joseph Smith, fundador de los Mormones, Benedict Arnold, general de la Guerra de la Independencia Americana, el presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosvelt, el financiero J.P. Morgan o incluso el general de la Guerra de Secesión Ulysses S. Grant (de Grant hay otra anécdota curiosa, su nombre real era Hiram Ulysses, pero al entrar en el Ejercito hubo una confusión y fue más fácil aceptar su nuevo nombre que tratar de que el Ejercito rectificara.) Y la lista de familia sigue… Pasando por 6 presidentes de los Estados Unidos, varios gobernadores, senadores, líderes de la CIA, cardenales, directores de Harvard, profesores de universidad o artistas.

Y si, todos los nombres que he escrito arriba  comparten sangre y son familiares. No precisamente cercanos, pero si familiares. ¿Increíble verdad? En realidad la explicación es relativamente sencilla, siempre se ha dicho que Estados Unidos es un país de inmigrantes, donde nadie en realidad es nativo allí y todos, más tarde o más temprano, desembarcaron de un barco para empezar una nueva vida allí. Esto explica en gran manera el motivo por el cual toda esta gente tiene lazos familiares. Pero hay que tener algo en cuenta, hasta la gran explosión de inmigrantes que se produjo a finales del S. XIX la población que recibían los Estados Unidos (o las Trece Colonias antes de independizarse) era reducida para lo que era su tamaño y las pequeñas comunidades que se formaban acababan cayendo en la endogamia cual Austrias Españoles. No por cuestiones políticas, sino por necesidad.

El mejor ejemplo de lo que digo es el primer censo que se produjo tras la independencia. En aquellos momentos en el territorio de las Trece Colinas, muy superior a cualquier país europeo exceptuando Rusia, solo vivían algo menos de cuatro millones de personas, siendo casi un millón esclavos negros. Por ejemplo en Gran Bretaña vivían, por aquel entonces, nueve millones de personas. Esto hace que las relaciones familiares existentes sean muy grandes y es lo que permite casos como este. Casi 80.000 norteamericanos actuales descienden directamente de un solo hombre, un pastor congregacionista que llego a Massachussets en 1634 llamado John Lothropp.

Lothropp, puritano, llegó a las colonias norteamericanas, como tantos otros, huyendo de la intolerancia religiosa que se vivía en Gran Bretaña. Una vez allí se instaló en Massachussets, más concretamente en Plymouth, y allí se volvió a casar (había perdido una mujer en Inglaterra, tras una enfermedad) y tuvo, en total, 13 hijos, lo cual permite acabar teniendo 80.000 descendientes con bastante facilidad.

Lo curioso de esta historia no es obviamente el número, no es algo extraño, sino que sea algo conocido y que dentro de sus descendientes haya tantas personas importantes y reconocidas. Supongo que el asentarse en Massachussets, una zona poblada y muy importante como líder de Nueva Inglaterra, región donde se situó gran parte del poder en la época, ayuda a que la importancia de sus sucesores sea mayor. Y es que es curioso observar como los lazos de sangre con el correr de los siglos pueden hacerse tan largos y amplios. Verdaderamente, al final, todos somos hermanos en cierta forma.

sábado, 27 de junio de 2015

Curiosidades Históricas - Los coches del oro



Hoy vuelvo a hablar de curiosidades históricas, esta vez una relacionada con la Primera Guerra Mundial. Antes de empezar con ella os pongo en antecedentes. Durante mi viaje a Alemania tuve la ocasión de visitar la ciudad holandesa de Groningen (os la recomiendo) y en su Grote Markt descubrí la librería Van Der Velde, un establecimiento coqueto y elegante donde me hice con “Ring of Steel” un libro escrito por Alexander Watson, curiosamente británico, en el que se narra la Primera Guerra Mundial desde el punto de vista de las potencias centrales: el Imperio Alemán y el Imperio Austro-Húngaro.

“Ring of Steel”, con un estilo sencillo y claro, narra distintas historias y curiosidades sobre la Gran Guerra, siempre dentro de los dos países germánicos, eso sí. Una de las que más me ha llamado la atención es la que voy a narraros a continuación, relacionada con algo que el autor llama “Gold Cars” y que yo he traducido como coches del oro, porque creo que es su más correcta acepción. Es que por desgracia no he encontrado ninguna referencia en español a esta historia, así que lo traduciré así.

Empezaré, como no, por el principio. Viajamos a los primeros días de agosto de 1914; concretamente al 3 de agosto, día en el que la guerra, que hasta ahora se había limitado a Austria-Hungría y Alemania por un lado  y Serbia y Rusia por el otro, acabo incluyendo a Francia con la declaración de guerra alemana. En ese momento la guerra pasó a ser mundial (o lo seria al día siguiente con la entrada en la guerra de Reino Unido) y los imperios centrales se vieron rodeados de enemigos.

Hay que entender que el día 3 de agosto, pese a que las declaraciones de guerra se habían lanzado y la movilización, en algunos casos como el austro-húngaro, llevaba ya en marcha una semana, la guerra parecía lejana e irreal en muchos puntos alejados de las fronteras entre los combatientes. Esto, unido a la desinformación que se vivía en las zonas rurales, hizo crecer muchos mitos entre los habitantes de dichas zonas, siendo uno de ellos el de los coches del oro, o “Gold Cars”.

Si cogemos un mapa de la época, o uno actual, y situamos a cada uno de los contendientes, observamos que las potencias centrales, pese a estar rodeadas de enemigos, también habían logrado aislar al Imperio Ruso de sus aliados: Francia y Reino Unido. Esto en un país como la Rusia de 1914, con graves problemas internos y que dependía del comercio exterior, era algo que preocupaba a los aliados y que era visto como una ventaja para los gobiernos alemán y austriaco. Este motivo, mantener el aislamiento ruso, sería el que llevaría al Imperio Otomano (que podía cerrar el Mar Negro a los rusos) a la guerra solo unos meses después. Es por ello que para muchos habitantes de Alemania y Austria-Hungría lo que voy a contar a continuación les pareciera cierto, ya que los aliados necesitaban ayudar a Rusia como fuera.



La evidente necesidad que tenían los aliados de aprovisionar a Rusia y el miedo que tenían los alemanes y austro-húngaros a los espías e infiltrados franceses hizo que el 3 de agosto unidades situadas en la frontera alemana con el país galo advirtieran a sus superiores que diversos coches franceses llenos de oro habían cruzado la frontera dispuestos a llegar a territorio zarista con estos suministros. Esta noticia corrió como la pólvora y llegó a Berlín, haciendo que el Ministro de Interior reaccionara con rapidez ordenando la búsqueda de estos coches. Como era de esperar la noticia se filtró a la prensa que, inflamada de espíritu patriótico, empezó a advertir a la población de la posible presencia de otros convoyes franceses con oro en su interior. La noticia incluso salto la frontera y la misma tarde del día 3 de agosto en la ciudad checa de Praga, bajo control austro-húngaro en aquel entonces, la policía reportará al gobierno imperial la entrada a través de la frontera bohemia de cuarenta automóviles rusos que marcharían al encuentro de los franceses.

Esto fue el inicio de tres días de locura, en el que la población de ambos imperios, con una mezcla de patriotismo y miedo, se dispuso a localizar dichos coches. Los pueblos se llenaron de barricadas, los campesinos empezaron a detener a cada automóvil que pasaba por sus tierras y unidades de reserva del ejército registraban el territorio en busca de los coches. Por supuesto, nadie encontró nada y empezaron a correr las más diversas historias sobre ellos. Algunos afirmaban que los franceses, tratando de pasar desapercibidos vestían como alemanes e imitaban su acento, otros afirmaban que en realidad quienes conducían dichos coches eran mujeres vestidas como cabareteras, pero el colmo llego el día 6 de agosto, cuando un periódico afirmó que por miedo a ser descubiertos habían abandonado sus coches, se habían vestido como campesinos y habían pasado a utilizar bicicletas. Contando que algunos periódicos afirmaban que los franceses transportaban alrededor de 26.000 kilos de oro, hubieran sido necesarios más de mil ciclistas para transportarlo. Pero nadie hizo los cálculos en aquel momento.

Fue entonces cuando por fin la sensatez regreso a los dirigentes de las potencias centrales y alguien puso fin a la disparatada historia. Hay que recordar que el día 6 de agosto la guerra como tal ya había empezado y las fuerzas armadas alemanas ya estaban combatiendo en Lieja, Bélgica, mientras Austria-Hungría hacia esfuerzos por contener a los rusos en Polonia. Es por ello que algunos oficiales empezaron a quejarse de los problemas logísticos que la búsqueda de los “Gold Cars” causaba, ya que era imposible cruzar el país en automóvil sin ser detenido por los habitantes de cada uno de los pueblos y verse obligado a demostrar que no era francés.

Como es obvio jamás existieron estos “Gold Cars”. Había intención por parte de los aliados de aprovisionar a Rusia, como es lógico, pero había otras maneras de hacerlo que mandar coches llenos de oro a través de territorio enemigo. Pese a todo la historia triunfo entre los habitantes de las potencias centrales y fue debido, sobre todo, a dos motivos, el primero fue el miedo de la población a la guerra y el segundo el interés del gobierno alemán por aumentar estos rumores para generar odio y patriotismo en su nación. Solo cuando esto resulto ser un problema para el esfuerzo de guerra alemán el gobierno detuvo los rumores y deshizo las barricadas y demás controles en su suelo.

Este es un ejemplo, otro más, de cómo la guerra sacudió a la población europea en 1914. Hacia 40 años que las naciones europeas no tomaban los fusiles y el miedo y el terror a lo desconocido inflamaba los corazones de sus habitantes. Estas reacciones, como muchas otras, fueron producto simplemente del miedo que, como es lógico, la población tenia a la guerra.

martes, 10 de marzo de 2015

Curiosidades Históricas - Damocles y su espada



Es común oír cuando alguien está siempre bajo una amenaza constante e inminente que se encuentra bajo la “Espada de Damocles”. Hace referencia a tener siempre una espada suspendida sobre nuestras cabezas. Y curiosamente el origen de la frase no puede ser más ajustado a dicha situación.

El occidente griego


Esta historia ha llegado a nosotros a través de los autores clásicos, como Diodoro de Sicilia o Cicerón, aunque la historia es anterior a ellos, ya que hay que remontarse al S. IV a.C. En aquellos tiempos Roma aun solo era la líder de una pequeña liga de ciudades del centro de Italia, Cartago a duras penas controlaba su territorio y un pedazo de Sicilia y el poder dominante en el Mediterráneo era el mundo griego. Eso sí, un mundo griego aun desunido y en constante lucha entre sí, aún quedaban más de cincuenta años para la llegada de Alejandro Magno y el gran crecimiento helenístico.

En esos tiempos la gran potencia en el Mediterráneo Occidental era la ciudad de Siracusa, en la costa sudeste de isla de Sicilia. Había sido colonizada por griegos procedentes de Naxos en el año 734 a.C., es decir, durante la ronda de colonizaciones que llevo a los griegos a llenar de ciudades propias gran parte de las costas del Mediterráneo. Así que mientras Grecia se desangraba en la Guerra del Peloponeso (Contienda que duro 20 años y que enfrento a Atenas y Esparta por la supremacía) en el lejano Occidente Siracusa escalaba y crecía, dispuesta a convertirse en la ciudad más importante del mundo griego.

Este sitio de privilegio lo logró gracias a Dionisio I, el primer tirano de la ciudad. Antes de nada un inciso, en aquellos tiempos un tirano era la persona que dominaba una polis por ella misma, es decir, sin formar una oligarquía o una democracia. No necesariamente tendrían que ser personas crueles, simplemente tenían el control de la ciudad, y curiosamente trataban bien al pueblo y buscaban mejorar la ciudad porque habían alcanzado el poder gracias a él, ya que solían ser quienes lideraban una revolución contra los antiguos tiranos u oligarcas. Dionisio, por ejemplo, había alcanzado el poder gracias a una denuncia de los ciudadanos de Siracusa contra los propios generales de la ciudad. En el 405 a.C. la polis estaba enfrentada con Cartago por el control de la isla y sus generales fueron acusados de traidores. Uno de quienes lo hizo fue Dionisio y con el apoyo popular se convirtió en tirano.

Una vez en el poder lo primero que  hizo fue, curiosamente, hacer la paz con Cartago, una paz que le permitió reorganizar la ciudad y usar su poder para dominar las pequeñas ciudades griegas que le rodeaban. Ya con el control del occidente griego (que incluía no solo Sicilia sino el sur de Italia, la llamada Magna Grecia) se lanzó contra los cartagineses, los derrotó y se hizo con casi toda la isla, dejando a los púnicos solo el control de Lilibeo, en el extremo occidental. Alrededor del 380 a.C. se podía decir que era el mayor gobernante del mundo griego. Además, durante estas guerras contra Cartago hizo otra aportación a la historia militar, fue el primero en usar las catapultas.

Damocles


Pese a sus éxitos militares Dionisio, como el resto de tiranos griegos, no podía estar tranquilo ya que su base de poder era débil y cualquiera podía despojarle de él si contaba con los apoyos necesarios. Tanto era esta intranquilidad que se cuenta que una vez que Damocles, uno de sus cortesanos, afirmó que lo envidiaba por su lujo y poder el tirano le ofreció cambiar los papeles por una noche, lo que el cortesano aceptó. Esa misma noche se celebró un banquete y Damocles tuvo el honor de presidirlo; pero inmediatamente comprobó que las cosas no iban bien y que la gran mayoría de cortesanos miraban hacia el techo, encima suya. Damocles los imitó y vio, sorprendido, que una espada colgaba de una simple cuerda sobre su cabeza. Al preguntar a Dionisio el motivo de dicha espada este respondió que si deseaba saber lo que era ser tirano debía convivir con el peligro constante y la sensación de miedo que  era inherente al cargo.

Curiosamente se cuenta otra historia sobre Dionisio relacionada con ese peligro eterno de conspiración. Uno de los que conspiró contra el tirano fue un hombre llamado Pitias, que fue descubierto y condenado a la horca. El hombre, ante la perspectiva de la muerte, pidió tiempo para arreglar sus asuntos y ofreció a un amigo, Damón, como rehén para poner sus cosas en orden. Pero cuando llego el momento de la ejecución Pitias no apareció y Dionisio estaba dispuesto a ahorcar a Damón cuando en el último momento llegó Pitias a la carrera para ser ajusticiado y salvar a su amigo. Había tenido un problema y se había retrasado. Este gesto de honradez hizo que Dionisio se ablandara y le salvara la vida a ambos.

jueves, 12 de febrero de 2015

Un rayo casero



La de hoy será corta, pero extraña y bizarra, quizá la más extraña que he escrito hasta ahora. Como es de esperar en este blog vamos a viajar al pasado, a 1998, más concretamente a la República Democrática del Congo, en África.

Según Wikipedia, una fuente contrastada, un rayo es una poderosa descarga natural de electricidad estática, producida durante una tormenta eléctrica; generando un "pulso electromagnético". La descarga eléctrica precipitada del rayo es acompañada por la emisión de luz (el relámpago), causada por el paso de corriente eléctrica que ioniza las moléculas de aire, y por el sonido del trueno, desarrollado por la onda de choque. Y la probabilidad que tiene un ser humano de ser alcanzado por uno de ellos es de 1 entre 2.320.000. Esto es lo que nos dice la ciencia, obviamente, pero esta historia demuestra que no es asi.

Octubre de 1998, Kasai, República Democrática del Congo, la antigua Zaire. En medio de un clima lluvioso y tormentoso dos equipos, el Basanga, equipo local, y el Bena Tsadi, equipo visitante, se enfrentan en un partido de futbol que en aquellos momentos marcha empate a uno. Kasai en aquellos tiempos es un lugar conocido por la influencia de la brujería en sus habitantes y no era extraño que el equipo local usara los poderes paranormales para lograr mejores resultados. Quizá esto pueda explicar lo ocurrido.

En pleno partido un rayo cayó sobre el rectángulo de juego. Nada extraño cuando se juega bajo una tormenta. El impacto hizo caer al suelo a los 22 futbolistas y al trío arbitral; pero hubo once personas de las que cayeron que no se volvieron a levantar. Curiosamente los once vestían la misma camiseta. Los once eran los once futbolistas que el Bena Tsadi, equipo visitante, tenía sobre el terreno de juego y que murieron en el acto, fulminados por el rayo.

¿Por qué un rayo decidió convertirse en juez de un partido una tarde de octubre? ¿Por qué esa inclinación por destrozar al visitante? ¿Acaso fue poseído por un árbitro cualquiera de la liga española y su tendencia a favorecer al local? Seguramente si el Basanga hubiera vestido de blanco o de azulgrana esta explicación hubiera sido la acertada. Pero al no ser así obviamente la explicación fue otra, el equipo local uso la hechicería para acabar con el visitante aunque con ello tuviera que llevarse once vidas por delante.


La explicación científica, obviamente, es mucho más plausible que los hechizos. La más sencilla pasa simplemente por las botas, si el equipo visitante usó tacos metálicos el suelo mojado condujo la electricidad hacia ellos como si fueran una bombilla. Pese a todo sigue siendo algo sorprendente y que da para reflexionar.

domingo, 8 de febrero de 2015

Curiosidades históricas - Cerveza, canguros y yankis




Australia es un país extraño. Supongo que  vivir en un enorme desierto solamente habitable con cierta comodidad en un pedazo de la costa (miren un mapa australiano, todo el mundo vive en el cuadrante sureste de la isla) y rodeado de animales extrañísimos (¿Qué coño es un ornitorrinco?) hace del australiano un tipo especial. Si a ello le sumamos que son una nación relativamente joven, ya que fueron colonizados a finales del S. XVIII, o que los británicos usaron el país como colonia penal durante años, usando a los presos como colonos, solo nos queda la conclusión de estamos ante un lugar especial.

Canguros

Un Emu, gran enemigo del aussie
Hoy, almorzando con unos amigos, hemos llegado a la conclusión de que el australiano es una mezcla entre británico y redneck (el blanco de los estados sureños de Estados Unidos) y que cualquier habitante de la enorme isla-continente se adaptaría a la vida en Alabama en un par de días. Para muestra de su todo esto simplemente hay que recordar que durante los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial los australianos declararon la guerra a un animal autóctono, como es el Emu, y se dedicaron a cazarlo usando medios militares como ametralladoras, guerra que acabaron venciendo los animales a los que no pudieron exterminar.

Pese a esta derrota frente a unos patos extraños no hay que despreciar al Ejercito Australiano como si fueran franceses. Es más, en ambas guerras mundiales combatieron junto a sus parientes británicos y lo hicieron con una eficacia asombrosa, destacando en batallas como el Desembarco de Galípoli en la Primera Guerra Mundial. Además combatieron siempre lejos de sus tierras y lo hicieron con la misma bravura que si lo hubieran hecho para defender su isla.

Yankis


Y es que el interés en invadir un trozo de piedra sin ningún valor es muy bajo, pese a ello en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, parecía que por fin la isla estaba en peligro, con los japoneses a las puertas. Y para mayor peligro el ejército aussie se encontraba, fiel a su lucha incansable en guerras que no eran suyas, combatiendo en Oriente Próximo para defender las posiciones británicas en aquella estratégica zona. Sin nada para parar a los japoneses y con los ingleses desbordados la solución solo pasaba por pedir ayuda a los norteamericanos.

Y los norteamericanos, encantados de tener un aliado en el pacifico para combatir a Japón, acudieron raudos a socorrer a los australianos. Brisbane, ciudad del norte de Australia, se convirtió en su cuartel general y en navidad de 1941 los soldados norteamericanos llegaron dispuestos a defender la isla de una posible invasión japonesa. Y curiosamente aunque los japoneses finalmente fueron detenidos antes de llegar a suelo australiano, sí que se produjo una invasión, concretamente de norteamericanos.

Alrededor de un millón de estadounidenses pasaron por Brisbane durante los años de la guerra, esto en un país de poco más de siete millones de habitantes era una autentica invasión. Tanto es así que esta invasión trajo la mayor batalla producida en suelo australiano. ¿Entre japoneses y anglosajones? No, entre los propios anglosajones. Australianos y norteamericanos protagonizaría esta batalla, la Batalla de Brisbane.


La batalla de Brisbane


Esta empezó el 26 de noviembre de 1942, cuando los norteamericanos llevaban alrededor de un año emplazados en la ciudad. Curiosamente fueron bien recibidos en un principio, y sus oficiales, la gran mayoría señoritos sureños corteses y elegantes, hicieron buenas migas con sus homólogos australianos, que tenían gran semejanza con ellos. El problema existía más bien con la tropa, proveniente en su gran mayoría del oeste de Estados Unidos y que veía a los australianos como unos barbaros.

Y no les faltaba razón. El australiano medio de la época gustaba de beber, beber, volver a beber, y una vez no podía absorber más alcohol dedicarse al deporte nacional por excelencia. La trifulca de bar. Y ojo, como todo deporte tenía unas reglas que a día de hoy aún siguen presentes en muchos lugares. Y  es que la trifulca de bar anglosajona consiste en solucionar problemas a puñetazos pero sin entrar en lo personal, tanto es así que una vez solucionado el tema a tratar no era extraño ver a los implicados tomándose unas pintas tan tranquilamente. A ello hay que sumarle sus métodos evolutivos, basados en beber y hacer “demostraciones de hombría” esperando que las mujeres se fijaran en ellos, cosa que usualmente no solía suceder.

Esto último también fue un problema. Los norteamericanos que llegaron a Australia no solo llevaban consigo el atractivo de lo exótico, sino que venían con mucho más dinero y elegancia que los nativos. Y claro, entre unos hombres que se dedicaban a beber hasta perder el sentido y otros que les podían llevar a los bares de moda (donde solo los norteamericanos podían pagar la entrada) y que además se dedicaban a escucharlas y bailar con ellas las australianas no dudaron y se inclinaron por los recién llegados.

Todo esto creo un clima de desconfianza que acabo estallando aquel día de noviembre. En una de las céntricas calles de Brisbane un soldado norteamericano y tres australianos se encontraban charlando tras haber saboreado una cantidad excesiva de cerveza cuando apareció un miembro de la Policía Militar norteamericana y ante el estado de su compatriota le pidió que se identificara. Por supuesto, aquello no fue fácil ara el soldado que tardo más de la cuenta en localizar sus papeles, lo que hizo que el policía le increpara. Aquello fue un error. Los australianos tienen en su ADN escrito la defensa del débil y le pidieron al policía que se tranquilizara y dejara al chaval en paz. Este, al verse rodeado por los coloniales, mas fornidos que él, cometió un segundo error, esta vez fatal. Saco su porra.

Como habíamos explicado antes en el carácter australiano esta la trifulca de bar, algo establecido y con unas reglas claras. Y por supuesto sacar una porra para solucionar un conflicto que se puede solucionar a golpes es algo completamente descortés, como los aussies se encargaron de demostrar al policía militar, al que la porra no le sirvió de nada. El altercado como era de esperar atrajo a otros policías militares, que lograron rescatar a su compatriota, pero para ello tuvieron que recurrir a sus porras, soliviantando a mas australianos y convirtiendo el centro de Brisbane en una batalla campal. Y en medio de aquella batalla campal alguien disparo una escopeta y mató a un australiano e hirió a varios otros, convirtiendo aquella trifulca en una cuestión nacional y dejando a punto de caramelo que Australia se uniera al Eje.

Al final no se llegó a tanto pero sí que la ciudad vivió un par de días de terror con soldados australianos cazando a sus aliados norteamericanos y apalizandolos, usando para ello desde señales de tráfico hasta adoquines o las hebillas de sus cinturones. Finalmente los manguerazos de la policía y el acuartelamiento de los soldados consiguieron tranquilizar a las masas, dejando un muerto y alrededor de cien heridos, la gran mayoría norteamericanos. Por tanto no solo Brisbane es la mayor batalla jamás luchada en territorio australiano, sino que es la mayor victoria de Australia defendiendo su país.

Daños tras la batalla


Dedicado a @Paucsie, @SerphKun  y @missherowndream, cuyo almuerzo con ellos ha hecho que hoy escriba esto.

domingo, 25 de enero de 2015

Curiosidades Históricas - Problemas de comunicación



Llevo mucho tiempo queriendo escribir sobre esto. Os explico, cuando deseo añadir al blog una entrada pero aun no quiero, o puedo, escribirla creo un archivo de Word con el título y la guardo donde tengo el resto de entradas, esperando a ser escrita en un futuro. Esta concretamente data del 15 de Diciembre, es decir, de los inicios del blog, pero aún no había sido escrita.

Etnocentrismo


Si algo ha caracterizado a Europa en los últimos cinco siglos ha sido la expansión de sus horizontes. Desde que los navegantes portugueses empezaran a tratar de circunnavegar África buscando las Indias en el S. XV, miles de exploradores les han imitado, nombres como Cristóbal Colon, Juan Sebastián El Cano, Vasco Da Gama, Jacques Cartier o James Cook se lanzaron al mar dispuestos a descubrir nuevas tierras para Europa.

Por supuesto todos estos “descubrimientos” van recubiertos de un claro barniz etnocéntrico, o más bien Eurocéntrico. Para los europeos la historia está basada en nuestra civilización y la consideramos “Historia Universal”, es por ello que para la gran mayoría de nosotros la existencia de un gran reino en Malí o un Imperio en China mientras aquí en Europa estábamos en plena Edad Oscura es completamente desconocido. Las regiones más allá de Europa, Oriente Medio y el Norte de África solo entran en la historia cuando los europeos llegan a ellas o algunos de sus habitantes llegan a Europa (como los hunos o los mongoles).

Es por eso que con la expansión por los cinco continentes los europeos nos encontramos con la necesidad de nombrar a los nuevos lugares para poder reconocerlos. En algunos casos usamos nombres traídos directamente de Europa, como por ejemplo en muchas colonias españolas, es por eso que es posible encontrar Meridas, Valladolids, Barcelonas o Valencias en América. Otra opción fue tratar de usar topónimos basados en nombres nativos, como ocurre con ciertos estados norteamericanos como Dakota o Idaho. Y de un caso como este viene nuestra curiosidad de hoy.

Errores


En el S. XVI los españoles, ya asentados en el Caribe, empezaron a extenderse por la costa del continente, en el actual México. Al sur de dicha costa, casi en el límite actual entre Guatemala y México, está la península del Yucatán. Antes de la llegada de los españoles este lugar lo habitaban los mayas, que construyeron monumentos como el Chichen Itza. ¿Y de donde proviene el nombre de Yucatán?

Durante la exploración de la zona, en 1517, los españoles coincidieron con los habitantes mayas y decidieron preguntarles el nombre de la tierra que pisaban. Estos les respondieron, según distintas fuentes, con vocablos como: “Ma'anaatik ka t'ann” o “Ci u t'ann” que significaban literalmente “No entiendo tu hablar” o “No entiendo”. Los españoles creyeron, equivocadamente, que los indígenas se referían así a su hogar y estos nombres han evolucionado hacia el actual Yucatán. Esto, de nuevo, es una forma de etnocentrismo, ya que los exploradores pensaban que el indígena les entendía en su propia lengua y no mostraron ningún interés por aprender que querían decirles los indígenas realmente.

Hay otro caso parecido a este, pero al final se ha demostrado ser una leyenda. Se cuenta que cuando los ingleses llegaron a Australia se quedaron sorprendido por los canguros y al preguntar a los aborígenes por su nombre estos respondieron “Kan Ghu Ru” que vendría a significar, como en el caso anterior, “No le entiendo”. Pero en realidad se ha demostrado que el origen de la palabra es aborigen y que en realidad era el vocablo que se usaba para nombrar al canguro gris, por tanto en este caso realmente existió una correcta comunicación.

Estos casos se han puesto de moda en la actualidad debido a las suposiciones de contactos con seres extraterrestres y como podría desarrollarse una comunicación. A dia de hoy el ser humano sigue considerando que un ser de otro planeta debería ser capaz de entendernos, pero esto no es más que otro ejemplo de etnocentrismo (¿O terracentrismo?), ya que si entre seres de la misma especie la comunicación tiene errores no me quiero ni imaginar cómo lo seria entre un ser humano y un bicho verde y con antenas. ¿Por qué seguro que los extraterrestres son verdes no? Hay tantas cosas que no sabemos…

lunes, 15 de diciembre de 2014

Curiosidades Históricas - Los vikingos no eran cabras


Nos hemos acostumbrado a ver y reconocer a los vikingos por una característica: Los cuernos de sus cascos. Nos imaginamos a los vikingos como rudos y poderosos guerreros venidos del norte para saquear y atemorizar a los pobres campesinos de la Europa Medieval. Pero curiosamente, esta narración tiene un error histórico. Los vikingos jamás llevaron cuernos en sus cascos.

Los Vikingos


Pero bueno, antes de explicar por qué la cultura popular ha identificado a los vikingos con los cuernos, cual Cholo Simeone, hay que poner en consideración distintas cosas. Los vikingos, en el fondo, eran habitantes de Escandinavia (Actuales Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia) que durante el S. IX se vieron obligados a salir de sus hogares en busca de nuevas tierras y riquezas. ¿Los motivos? Variados. Desde guerras intestinas que obligaban al exilio a los perdedores, hasta la propia presión demográfica, que hacía que la agricultura no pudiera sostener a más población en aquellos territorios, excesivamente fríos para un buen cultivo.        

Como buenos navegantes, optaron por encontrar en el mar lo que no pudieron encontrar en sus tierras. Así que los primeros grandes exploradores europeos fueron los vikingos: descubrieron y colonizaron Islandia, se establecieron en Groenlandia e incluso se cree que fueron los primeros en llegar a Norteamérica. A una tierra llamada Vinland (Tierra de Viñas) que no ha podido localizarse en la actualidad, pero que se supone que estaba cerca de la actual Nueva Inglaterra.                                                                                          

Pero por lo que pasaron a la historia fue por el ataque y saqueo sistemático al que sometieron a cualquier territorio con costa europeo, durante casi un siglo. Los primeros en recibir su impacto fueron los anglosajones, que entonces habitaban en el actual Reino Unido, pero al final ningún lugar bañado por agua -ya que eran capaces hasta de remontar ríos (saquearon Sevilla, por ejemplo)-, se libró de su ataque.

Por supuesto la visión que nos ha llegado ha sido empañada por la historia, ya que el miedo irracional que vivió en aquel entonces el campesino europeo aún sigue latente. Su indefensión era manifiesta ante ellos, ya que como paganos que eran, ni siquiera una iglesia era un lugar seguro. Todo ello, sumado a que ningún príncipe cristiano contaba con suficiente poder para plantarles cara, hizo que solo quedara ampararse en Dios para la defensa: “De la furia de los hombres del norte líbranos, Señor”. Por supuesto, al final no fueron tan terribles como parece y curiosamente los lugares donde se asentaron y se cristianizaron (Normandía, Sicilia, Kiev) vivieron épocas de esplendor durante su mandato. Y es que demostraron ser personas eficientes y habilidosas en la administración, algo que siguen demostrando hoy, y en comparación con otros señores feudales eran gente “civilizada”.

Creación del mito 


Esto obviamente lo sabemos ahora, pero en el subconsciente europeo, la idea de ver a los vikingos como gente terrible aún estaba presente durante el S. XIX, incluso en la propia Escandinavia. En 1876 se publicó en Suecia una edición de una saga islandesa del S. XII  llamada “La saga de Frithiof". En ella las ilustraciones corrían a cargo de August Malmström, un pintor sueco de cierto renombre en la época. Este artista, al ilustrar el libro, le pareció que a los vikingos les faltaba maldad, por lo que decidió incluirles unos cuernos en la cabeza para asimilarlos al diablo, creando una iconografía que se incrementaría con otras obras artísticas de la época, como “El Anillo del Nibelungo” de Wagner, donde de nuevo ciertos personajes de origen nórdico aparecían con el famoso casco con cuernos.
Ilustración de "La Saga de Frithiof"

Para terminar, según se ha podido demostrar arqueológicamente, los nórdicos llevaban cascos de hierro y cuero redondeados, con protecciones para nariz y mejillas, pero jamás cuernos, lo que complicaría el combate en exceso.

Otras curiosidades: