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lunes, 7 de noviembre de 2016

La Revolución de Octubre que fue en Noviembre


Hoy, 7 de Noviembre, se cumplen 99 años de la Revolución de Octubre, el momento más importante de la historia del S. XX y es por ello que considero que es un buen motivo para volver al blog. ¿En Noviembre? Os preguntareis. Si, efectivamente, la Revolución Rusa de 1917 fue en Noviembre pese a llamarse “De Octubre”. ¿El motivo? Más abajo en el texto, antes me gustaría ponernos en antecedentes.

A principios de 1917 el Imperio Ruso se resquebrajaba por momentos, la Gran Guerra había desgastado el país hasta el límite y la autocracia de Nicolás II no encontraba la manera de poner solución a los problemas del país. Pese a su enorme tamaño Rusia era un país atrasado respecto al resto de los contendientes, un gigante con pies de barro al que el tímido reformismo dirigido por el Zar Alejandro II tras la Guerra de Crimea (1856) y el crecimiento industrial de finales de siglo no había logrado dotar de la base suficiente para resistir un embate así. Por poner un ejemplo Rusia no abolió la servidumbre, terminando con el régimen feudal, hasta 1861.

Curiosamente este mismo problema era algo que las elites rusas, y sobretodo sus zares, habían detectado desde mucho antes de la llegada de la guerra. Esto llevó a una época de reformismo donde se intentó modernizar el país, primero a nivel político, con Alejandro II y acciones como el fin de la servidumbre, la creación de jurados y magistrados libres o la introducción de instituciones representativas, sobre todo a nivel local. Curiosamente cuando iba a culminar su reforma y dotar al país de una Constitución el Zar fue asesinado en su camino al Ministerio del Interior, culminando con la abertura del país. Esto hizo que su hijo, Alejandro III, y tras él su nieto, Nicolás II, volvieron a la autocracia y a la creación de un estado policial que garantizara su seguridad, limitando las reformas a la explotación de los recursos del país, con una tímida industrialización o la construcción de infraestructuras como el Transiberiano.

Y todas estas reformas, si bien funcionaron y permitieron cierta modernización económica del país, solo alcanzaron a las altas capas de la sociedad, mientras que el pueblo seguía con las mimas condiciones que sus antepasados de hacia siglos. Con un 85% de población rural el campesinado ruso, aunque libre de la servidumbre, seguía siendo dependiente de los mismos terratenientes que antes. Eso sí, ahora contaba con la opción de marchar a la ciudad a ser un obrero más de las fábricas que habían empezado a surgir en el país, la gran mayoría en manos de capital extranjero, mayoritariamente francés. Si a ello le sumamos la represión realizada por la policía secreta, un surgimiento de intelectuales deseosos de cambiar su país y la creación de grupos con ideologías como el marxismo o el anarquismo tenemos el caldo de cultivo preparado para una revolución.

Como vemos podemos afirmar que la Rusia que se iba a enfrentar a la Gran Guerra era un país con problemas y que necesitaba de un gran líder, pero que por desgracia solo contaba con Nicolás II. Un hombre que había perdido a su abuelo asesinado y a su padre tras una enfermedad con solo 49, heredando un vasto imperio a la edad de 26 años y sin haber estado preparado para gobernarlo, como él mismo reconoció. Tímido, retraído y voluble, no hizo sino agravar los problemas de Rusia, que culminarían con la entrada en una Gran Guerra en 1914 para la que no estaba preparado, lo que provocaría una revolución que lo costaría el trono en 1917 y finalmente la vida en 1918.

A todos estos problemas hubo que sumar la guerra, obviamente, con sus desastres militares, sus muertes en el frente, sus problemas de abastecimiento y sus subidas de precios, lo que agotó la confianza de los rusos en Nicolás II. Finalmente un durísimo invierno y la carestía de pan y calefacción en Petrogrado llevaron a una serie de manifestaciones que harían abdicar al Zar, tras verse abandonado por las tropas, en febrero, creándose un Gobierno Provisional de carácter burgués que prometió la creación de una Asamblea Constituyente y la realización de elecciones libres, pero la ausencia de votantes, movilizados en el frente, aplazó sine die estas reformas. Además tomo la decisión de seguir con la guerra, lo que acabaría provocando su caída.

Paralelo a este gobierno provisional se formaron ante la caída de la clase dirigente diferentes comités de obreros, soldados y campesinos a lo largo de todo el país, los llamados sóviets. Estos comités representaban, frente a la continuidad del Gobierno Provisional, los anhelos del pueblo ruso. En su programa podíamos encontrar peticiones como la paz con las Potencias Centrales, la implantación del sufragio universal, la jornada laboral de ocho horas o la creación de una Republica Democrática. Esta dualidad de poderes fue minando poco a poco al Gobierno Provisional, al que la guerra terminó por dar la puntilla. El fracaso de la Ofensiva Kerenski (Presidente del Gobierno Provisional) en verano y la llegada de los alemanes a Riga en Septiembre, a poco más de 500 kilómetros de Petrogrado, terminaría con el poco crédito con el que contaba Kerenski. Eso y un ejército en descomposición, que abandonaba el frente y marchaba a la capital precipitarían las jornadas de Octubre.

Mientras esto ocurría el partido bolchevique, comandado por Lenin, que había vuelto del exilio en Abril gracias a un salvoconducto alemán, se había organizado y poco a poco había conseguido controlar el Sóviet de Petrogrado, el principal del país.  Esto le permitió tomar el poder del país en nombre de los sóviets la noche del 24 al 25 de Octubre sin excesivos problemas ya que el Gobierno Provisional no presentó resistencia en el Palacio de Invierno, que fue tomado al asalto con solo cinco muertos. Aquel momento, que ni siquiera afectó a la vida de la ciudad (los tranvías siguieron funcionando, los teatros también, las tiendas no cerraron…) cambiaría la historia del mundo para siempre. Al día siguiente se creaba un nuevo gobierno bolchevique que no solo firmaría la paz con las Potencias Centrales sino que convertiría a Rusia en una potencia mundial capaz de detener a la Alemania Nazi y ganar la Segunda Guerra Mundial. Lo que no logró el zarismo en 60 años lo hizo el socialismo en solo 20.

¿Por qué afirmó que este momento es el más importante del S. XX? Por algo tan sencillo de entender como que dicho siglo no se puede entender sin la presencia de la Unión Soviética, surgida de aquella revolución. La derrota del nazismo, la Guerra Fría, o cuestiones tan triviales como las grandes mejoras de las condiciones de trabajo vividas por los trabajadores de los países capitalistas no pueden entenderse sin la presencia de la URSS. El miedo a la expansión de la revolución comunista permitió a los trabajadores de todo el mundo librarse de las políticas liberalizadoras y pro-empresa que vivimos en la actualidad.

Y para terminar volvemos a la base del principio. En el texto que acabo de escribir hay dos erratas, concretamente a nivel de fechas, la Revolución de Febrero fue en Marzo y la de Octubre en Noviembre. Bueno, o no del todo, depende de cómo lo miremos. Para un ruso en 1917 ambos sucesos ocurrieron en la fecha que hemos contado, pero por otro lado desde el punto de vista alemán o francés lo hicieron en Marzo y Noviembre. Y es que en una maravillosa metáfora la Rusia Zarista vivía “atrasada” respecto al resto del continente, concretamente 13 días en 1917. El motivo no era otro que el calendario, mientras que desde 1582 la Europa Católica usó el calendario gregoriano, Rusia y otros países ortodoxos (incluso algunos protestantes, Gran Bretaña no lo uso hasta 1752) siguieron usando el Juliano. Esto lleva a curiosidades como que la Revolución de Octubre fuera un 7 de noviembre, es decir, hace 99 años. Y como era de esperar esto tambien fue cambiado por la revolución, tras el 14 de Febrero de 1918 llego, de nuevo, el 31 de Enero de 1918, equiparando a Rusia con el resto de Europa.

jueves, 3 de marzo de 2016

Curiosidades Históricas - Beberse una colección de muertos


Para muchos la historia es considerada como la sucesión de grandes hechos realizados por grandes personas que han acabado llevando a la humanidad a lo que es en la actualidad. Por supuesto, la historia es algo mucho más que eso, aunque como es de esperar los ecos que nos han llegado de la antigüedad son los de los grandes momentos, hechos como el nacimiento de un campesino o la compra de un nuevo torno por un artesano no quedaban recogidos en las crónicas de la época; como es de esperar. Pero que hayan llegado pocas pequeñas historias no significa que carezcamos de ellas, aunque la gran mayoría tengan relación con hechos o personajes conocidos, como es lógico. En este blog somos aficionados a estas pequeñas historias y hoy vamos a narrar otro pequeño pedacito curioso de historia.

El gran personaje alrededor del cual gira nuestra historia es Pedro I de Rusia, apodado “El Grande”, con gran razón por cierto. Si esto fuera un libro de historia diríamos que Pedro I Romanov fue el creador de Rusia tal como la conocemos en la actualidad, nacido en el año 1672, subió al trono en 1682, con solo diez años, sucediendo a su hermano Teodoro III. Eso sí, no lo hizo solo, y es que su medio hermano, Iván V, tenía preferencia en la sucesión, pero debido a sus problemas físicos y mentales la Asamblea de Boyardos (Nobles Rusos) decidió que ambos gobernaran el país.

Pedro el Grande
Esta diarquía, sumada a la minoría de edad de ambos, sumió a la corte rusa en el caos. Curiosamente ambas facciones estaban dirigidas por mujeres, por un lado la madre de Pedro, la regente Natalia, y por otro lado la hermana de Pedro e Iván, la Zarevna Sofia. Esta última fue la vencedora y dominó a sus dos hermanos gobernando a su sombra. Esto llevó a que Pedro pudiera crecer prácticamente libre de control, visitando incluso los barrios de extranjeros que había en Moscú (la sociedad de la época era terriblemente xenófoba y se consideraba superior a los occidentales, obviamente comprendía la necesidad de tener extranjeros en sus ciudades para el comercio pero los apartaba y recluía en barrios). Estos contactos y la ausencia de una educación formal hicieron que Pedro fuera más abierto que sus contemporáneos y mirará a los extranjeros como gente de la cual aprender, no solo aprovecharse.

Finalmente entre 1689 y 1696 Pedro consiguió acumular todo el poder del estado en sus manos. Primero se libró de su hermana, a la cual encerró en un convento, luego de la influencia de su madre tras su muerte en 1694 y finalmente de su hermano, que también murió en 1696. Con 24 años y convertido en un gigante (seguramente un defecto genético, era alto, pero desproporcionado, con manos y cabeza pequeñas, y además sufría epilepsia) Pedro I empezó a modernizar a Rusia, tomando como ejemplo a los países occidentales.

Esta misión empezó en el ejercito, donde los viejos cuerpos, procedentes en su mayoría de finales de la Edad Media y del reinado de Iván el Terrible fueron eliminados y sustituidos por regimientos a la Europea. ¿El motivo? Gran parte del ejército era contrario a las reformas. Pero no se quedó ahí, obligo a los hombres a afeitarse las barbas y a las mujeres, hasta ahora siempre apartadas, a participar en las relaciones sociales, impulsó la educación fundando universidades y colegios superiores, fundó el primer periódico del país e incluso adaptó el calendario ruso al juliano (el viejo empezaba en Septiembre). Esto último acabaría siendo un problema, ya que mientras toda Europa adoptaba el Gregoriano Rusia se quedó con el Juliano ¡Hasta la Revolución de 1917!, dejando un desfase que causaría problemas en diversos momentos de su historia futura.

Estas reformas vinieron unidas de una gran expansión territorial, a la creación de una flota moderna, que le permitía dominar los mares que rodeaban el país, Pedro I añadió al Zarato de Moscú Kiev y alrededores, territorios en el mar de Azov, los países bálticos y extendió la colonización rusa de Siberia, tratando de hacer de dicho territorio una fuente de riqueza. Incluso llegó más allá, durante su reinado Vitus Bering, un marino danés bajo bandera rusa, descubrió Alaska, en el continente americano, permitiendo su colonización por Rusia. Pero su mayor obra seria San Petersburgo, fundada en los nuevos territorios ganados en el Báltico la ciudad se convertiría en la capital del Imperio Ruso hasta 1917. Todo esto le permitiría, finalmente, convertirse en Emperador de Rusia en 1721.

Dicho plan de modernización vino motivado por la llamada Gran Embajada que el Zar realizó al inicio de su reinado, entre 1697 y 1698, el objetivo sobre el papel era conseguir aliados contra el Imperio Otomano para poder conquistar Crimea. La embajada fue un fracaso ya que ningún país europeo se alió con Rusia, por lo que Pedro el Grande tuvo que conformarse con distintas bases en el mar de Azov. Pero este fracaso diplomático se vio eclipsado por el éxito a nivel de conocimientos. Rusia, con su Zar a la cabeza, abrió los ojos al mundo y pudo observar como vivan y trabajaban los hombres de ciudades tan dispares como Riga, Konisberg, Amsterdam, Londres o Viena, interesándose el Zar en profesiones como la de artillero, medico, dentista y, sobre todo, ingeniería naval. Todos estos conocimientos, y los expertos que traerá de vuelta con él de esta visita, permitirán a Rusia florecer en los siguientes años.

Y por fin llegamos a la gran anécdota (Es que Pedro El Grande me encanta y me apetecía contar todo lo de arriba, lo siento). De su visita a Europa Occidental el Zar se trajo de vuelta, para aumentar el conocimiento de sus súbditos, distintos objetos. Entre ellos estaba una gran colección de distintos especímenes (fósiles, rocas, plantas, embriones, fetos humanos y de animales) que había comprado al médico holandés Frederik Ruysch. La colección consistía en más de mil especímenes conservados, en su gran mayoría, en brandy, y el Zar esperaba que permitiera a los naturalistas de su país avanzar en sus conocimientos.

Frederik Ruysch

Y aquí viene la gracia de la historia. Según los rumores en el regreso a casa los marineros que custodiaban la colección la echaron a perder al beberse el brandy que la contenía, ya que no encontraron otra cosa que beber en medio del Mar Báltico. Esta historia, como hemos comentado alguna vez, triunfó por el simple hecho de que para gran parte de las personas de la época los marineros rusos eran poco más que borrachos sobre tablones que flotaban.

Como no, esta historia es falsa. Para empezar la colección no viajo con el Zar, sino que fue comprada años después, en 1717, tras la Gran Guerra del Norte, y llego intacta a San Petersburgo, nueva capital de Rusia. Hay varios datos que hacen que esta historia sea falsa, el primero de todos es que al brandy con que conservaba Ruysch sus especímenes contenía otros elementos, como mercurio o tintes, lo que lo haría poco apetecible para ser bebido. A ello hay que sumar que en 1698 Rusia no poseía aun puertos en el Báltico (los ganaría durante la Gran Guerra del Norte), ni una flota, ya que la construiría a posterioridad.
                                                               
Es curioso cómo estas historias curiosas siguen siendo publicadas por distintos medios o narradas aun siendo evidente su falsedad. Por ejemplo, yo leí esta historia en una revista como Muy Historia y su apariencia irreal me hizo buscar algo más de información, descubriendo lo que he explicado arriba. Es por ello que es importante no creernos todo lo que leemos y tratar de investigar algo más, para evitar que nos cuelen rumores como este.