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lunes, 7 de noviembre de 2016

La Revolución de Octubre que fue en Noviembre


Hoy, 7 de Noviembre, se cumplen 99 años de la Revolución de Octubre, el momento más importante de la historia del S. XX y es por ello que considero que es un buen motivo para volver al blog. ¿En Noviembre? Os preguntareis. Si, efectivamente, la Revolución Rusa de 1917 fue en Noviembre pese a llamarse “De Octubre”. ¿El motivo? Más abajo en el texto, antes me gustaría ponernos en antecedentes.

A principios de 1917 el Imperio Ruso se resquebrajaba por momentos, la Gran Guerra había desgastado el país hasta el límite y la autocracia de Nicolás II no encontraba la manera de poner solución a los problemas del país. Pese a su enorme tamaño Rusia era un país atrasado respecto al resto de los contendientes, un gigante con pies de barro al que el tímido reformismo dirigido por el Zar Alejandro II tras la Guerra de Crimea (1856) y el crecimiento industrial de finales de siglo no había logrado dotar de la base suficiente para resistir un embate así. Por poner un ejemplo Rusia no abolió la servidumbre, terminando con el régimen feudal, hasta 1861.

Curiosamente este mismo problema era algo que las elites rusas, y sobretodo sus zares, habían detectado desde mucho antes de la llegada de la guerra. Esto llevó a una época de reformismo donde se intentó modernizar el país, primero a nivel político, con Alejandro II y acciones como el fin de la servidumbre, la creación de jurados y magistrados libres o la introducción de instituciones representativas, sobre todo a nivel local. Curiosamente cuando iba a culminar su reforma y dotar al país de una Constitución el Zar fue asesinado en su camino al Ministerio del Interior, culminando con la abertura del país. Esto hizo que su hijo, Alejandro III, y tras él su nieto, Nicolás II, volvieron a la autocracia y a la creación de un estado policial que garantizara su seguridad, limitando las reformas a la explotación de los recursos del país, con una tímida industrialización o la construcción de infraestructuras como el Transiberiano.

Y todas estas reformas, si bien funcionaron y permitieron cierta modernización económica del país, solo alcanzaron a las altas capas de la sociedad, mientras que el pueblo seguía con las mimas condiciones que sus antepasados de hacia siglos. Con un 85% de población rural el campesinado ruso, aunque libre de la servidumbre, seguía siendo dependiente de los mismos terratenientes que antes. Eso sí, ahora contaba con la opción de marchar a la ciudad a ser un obrero más de las fábricas que habían empezado a surgir en el país, la gran mayoría en manos de capital extranjero, mayoritariamente francés. Si a ello le sumamos la represión realizada por la policía secreta, un surgimiento de intelectuales deseosos de cambiar su país y la creación de grupos con ideologías como el marxismo o el anarquismo tenemos el caldo de cultivo preparado para una revolución.

Como vemos podemos afirmar que la Rusia que se iba a enfrentar a la Gran Guerra era un país con problemas y que necesitaba de un gran líder, pero que por desgracia solo contaba con Nicolás II. Un hombre que había perdido a su abuelo asesinado y a su padre tras una enfermedad con solo 49, heredando un vasto imperio a la edad de 26 años y sin haber estado preparado para gobernarlo, como él mismo reconoció. Tímido, retraído y voluble, no hizo sino agravar los problemas de Rusia, que culminarían con la entrada en una Gran Guerra en 1914 para la que no estaba preparado, lo que provocaría una revolución que lo costaría el trono en 1917 y finalmente la vida en 1918.

A todos estos problemas hubo que sumar la guerra, obviamente, con sus desastres militares, sus muertes en el frente, sus problemas de abastecimiento y sus subidas de precios, lo que agotó la confianza de los rusos en Nicolás II. Finalmente un durísimo invierno y la carestía de pan y calefacción en Petrogrado llevaron a una serie de manifestaciones que harían abdicar al Zar, tras verse abandonado por las tropas, en febrero, creándose un Gobierno Provisional de carácter burgués que prometió la creación de una Asamblea Constituyente y la realización de elecciones libres, pero la ausencia de votantes, movilizados en el frente, aplazó sine die estas reformas. Además tomo la decisión de seguir con la guerra, lo que acabaría provocando su caída.

Paralelo a este gobierno provisional se formaron ante la caída de la clase dirigente diferentes comités de obreros, soldados y campesinos a lo largo de todo el país, los llamados sóviets. Estos comités representaban, frente a la continuidad del Gobierno Provisional, los anhelos del pueblo ruso. En su programa podíamos encontrar peticiones como la paz con las Potencias Centrales, la implantación del sufragio universal, la jornada laboral de ocho horas o la creación de una Republica Democrática. Esta dualidad de poderes fue minando poco a poco al Gobierno Provisional, al que la guerra terminó por dar la puntilla. El fracaso de la Ofensiva Kerenski (Presidente del Gobierno Provisional) en verano y la llegada de los alemanes a Riga en Septiembre, a poco más de 500 kilómetros de Petrogrado, terminaría con el poco crédito con el que contaba Kerenski. Eso y un ejército en descomposición, que abandonaba el frente y marchaba a la capital precipitarían las jornadas de Octubre.

Mientras esto ocurría el partido bolchevique, comandado por Lenin, que había vuelto del exilio en Abril gracias a un salvoconducto alemán, se había organizado y poco a poco había conseguido controlar el Sóviet de Petrogrado, el principal del país.  Esto le permitió tomar el poder del país en nombre de los sóviets la noche del 24 al 25 de Octubre sin excesivos problemas ya que el Gobierno Provisional no presentó resistencia en el Palacio de Invierno, que fue tomado al asalto con solo cinco muertos. Aquel momento, que ni siquiera afectó a la vida de la ciudad (los tranvías siguieron funcionando, los teatros también, las tiendas no cerraron…) cambiaría la historia del mundo para siempre. Al día siguiente se creaba un nuevo gobierno bolchevique que no solo firmaría la paz con las Potencias Centrales sino que convertiría a Rusia en una potencia mundial capaz de detener a la Alemania Nazi y ganar la Segunda Guerra Mundial. Lo que no logró el zarismo en 60 años lo hizo el socialismo en solo 20.

¿Por qué afirmó que este momento es el más importante del S. XX? Por algo tan sencillo de entender como que dicho siglo no se puede entender sin la presencia de la Unión Soviética, surgida de aquella revolución. La derrota del nazismo, la Guerra Fría, o cuestiones tan triviales como las grandes mejoras de las condiciones de trabajo vividas por los trabajadores de los países capitalistas no pueden entenderse sin la presencia de la URSS. El miedo a la expansión de la revolución comunista permitió a los trabajadores de todo el mundo librarse de las políticas liberalizadoras y pro-empresa que vivimos en la actualidad.

Y para terminar volvemos a la base del principio. En el texto que acabo de escribir hay dos erratas, concretamente a nivel de fechas, la Revolución de Febrero fue en Marzo y la de Octubre en Noviembre. Bueno, o no del todo, depende de cómo lo miremos. Para un ruso en 1917 ambos sucesos ocurrieron en la fecha que hemos contado, pero por otro lado desde el punto de vista alemán o francés lo hicieron en Marzo y Noviembre. Y es que en una maravillosa metáfora la Rusia Zarista vivía “atrasada” respecto al resto del continente, concretamente 13 días en 1917. El motivo no era otro que el calendario, mientras que desde 1582 la Europa Católica usó el calendario gregoriano, Rusia y otros países ortodoxos (incluso algunos protestantes, Gran Bretaña no lo uso hasta 1752) siguieron usando el Juliano. Esto lleva a curiosidades como que la Revolución de Octubre fuera un 7 de noviembre, es decir, hace 99 años. Y como era de esperar esto tambien fue cambiado por la revolución, tras el 14 de Febrero de 1918 llego, de nuevo, el 31 de Enero de 1918, equiparando a Rusia con el resto de Europa.

jueves, 14 de abril de 2016

Y Saboya acabó hasta la polla



Hoy, 14 de Abril, se celebra el Día de la República, ya que en el mismo día pero en 1931 se proclamaba tras una derrota monárquica en unas Elecciones Municipales la II República Española. En este blog somos muy aficionados a la historia y más aún si es republicana, pero consideramos que la II República y el Golpe de Estado que terminó con ella es un periodo muy estudiado, así que vamos a irnos un pelín más hacia atrás. Porque si hubo una II República es que antes hubo una I República. ¿Es lógico no? Pues vamos a ver como ocurrió.

Sesenta y cinco años antes, es decir, en 1866, España sufría la primera gran crisis capitalista de su historia. La falta de algodón derivada por la Guerra de Secesión Americana hacia quebrar la industria textil catalana y se llevaba por delante, además, a multitud de compañías ferroviarias y con ellas instituciones de crédito. ¿Nos suena? Es lo que tiene el capitalismo, que es una crisis constante. Esto acabó pasando al campo y el desempleo y las malas cosechas terminaron abocando a crisis de subsistencias en 1867 y 1868. Isabel II, incapaz de reaccionar y señalada por muchos como culpable (la corrupción campaba a sus anchas en las compañías ferroviarias, donde la Corona metía el cazo. ¿Nos vuelve a sonar no?) se apoyó en el conservador General Narváez, cerró las Cortes e inicio una represión.

Finalmente a la muerte de Narváez en 1868 una coalición de fuerzas Progresistas y Democráticas, dirigidas por los Generales Prim y Serrano y el Almirante Topete dan un golpe de estado; hacen exiliarse a Isabel II e inician el llamado Sexenio Democrático. Lo que en un principio era un golpe militar, uno de tantos en el S. XIX, acabó convirtiéndose en “Revolución” por el apoyo de la burguesía al golpe, lo que le doto de cierto aire civil.

La idea original era convocar unas Cortes Constituyentes por sufragio universal masculino, algo que ocurriría por primera vez en España, y delegar en estas la decisión sobre qué modelo de estado crear. Pero el plan no sobrevivió a su choque con la realidad, el presidente del gobierno provisional era el General Serrano, un hombre moderado y conservador que se había rebelado contra la reina buscando poder, se mostró partidario de la monarquía y de buscar un nuevo rey. Esto dividió a las fuerzas que habían apoyado el golpe, pero las elecciones ofrecieron suficiente poder a Serrano para imponer sus ideas, convirtiéndose en Regente.

Y aquí empieza lo divertido. Serrano y Prim empiezan entonces una búsqueda entre las casas reales europeas que acabará ocasionando una gran guerra, cambiará el mapa europeo y servirá para poco o nada. Como era de esperar cada partido tenía su favorito y las potencias europeas también, por ejemplo estaba el francés Duque de Montpensier, Antonio de Orleans, cuñado de la Isabel II y que perdió cualquier opción debido a que mató en un duelo a su primo, Enrique de Borbón, otro cuñado de Isabel II. Muy romántico y decimonónico todo. Eso hizo que el mejor colocado fuera Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, príncipe prusiano y familiar del Kaiser que para los españoles acabo siendo conocido como Leopoldo Ole Ole Si Me Eligen, por la dificultad de su apellido.

Prim, Topete y Serrano subastando la Corona de España
Pero claro, Leopoldo era prusiano y Napoleón III, Emperador de los Franceses, no quería saber nada de tener prusianos en sus dos fronteras. Su insistencia acabo ocasionando la retirada de la candidatura de Leopoldo, pero también la Guerra Franco-Prusiana, su derrota en Sedan, el fin del Imperio Francés, la proclamación de la Comuna de París, la conversión de Francia en una república y la proclamación del Imperio Alemán en la Sala de los Espejos de Versalles. Todo ello por la búsqueda española de un rey, si es que cuando nos ponemos sabemos cambiar Europa sin tercios ni nada; quizá ha llegado el momento de buscar un nuevo rey a ver qué pasa…

Esto llevó al ofrecimiento de la corona a Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, Rey Consorte de Portugal y que había demostrado una gran habilidad en los asuntos de estado junto a su esposa modernizando el país y aumentando su bienestar. Pero el portugués (aunque de ascendencia alemana) viendo el percal que había en el país vecino declino amablemente la propuesta. Esto dejó a Amadeo de Saboya, segundo hijo del Rey Víctor Manuel II de Piamonte-Cerdeña, el rey unificador de Italia. Sobre el papel era un buen candidato: alto, bien parecido, perteneciente a una dinastía prestigiosa, católico, de ideas liberales y progresistas y con un buen currículo, sobre todo a nivel militar, donde había destacado en la Batalla de Custoza frente al Imperio Austriaco. Si a ello le sumamos que no era familiar de los viejos reyes, no mataba primos ni causaba guerras europeas la duda que nos queda es porque no lo eligieron el primero.

Amadeo de Saboya
Ya con Amadeo de Saboya elegido y dispuesto a tomar la corona la cosa empezó a torcerse, el gran valedor del nuevo monarca, el General Prim, entonces Jefe de Gobierno, es asesinado en Madrid y con él la coalición entre progresistas y demócratas moderados que había traído al rey es destruida. A partir de aquí el reinado de Amadeo de Saboya, primera prueba en España de la llamada Monarquía Parlamentaria, será un desastre tras otro. Para muestra un botón, en el sepelio de Prim el nuevo rey le dijo a la esposa del general que encontraría a los responsables, a lo que la mujer añadió: “No tendrá usted que buscar muy lejos, Majestad”, lo que da una idea del nivel de problemas que había en la corte real. En las Cortes tampoco iba a estar más a gusto, por ejemplo nada más jurar la Constitución el líder republicano Emilio Castelar le dijo al rey: “Visto el estado de la opinión, Vuestra Majestad debe irse, como seguramente se hubiera ido Leopoldo de Bélgica (sic, por Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen), no sea que tenga un fin parecido al de Maximiliano I de México...” Hay que recordar que Maximiliano I de México, monarca europeo colocado por Francia en este país latinoamericano, había sido fusilado por sus propios súbditos solo 3 años antes.

Muerto Prim a Amadeo de Saboya en España no lo quería nadie. No solo los republicanos se enfrentaban a él, sino que entre las fuerzas sobre las que a priori podía haber basado su reinado tampoco encontraba estima. Los viejos Carlistas habían vuelto a su deporte favorito de echarse al monte y habían organizado una nueva guerra para colocar en el trono a su candidato Carlos VII mientras que la Iglesia y la Alta Nobleza veían en Amadeo un advenedizo extranjero puesto por los revolucionarios y ansiaban la vuelta de los Borbones en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II. Y aunque sobre el papel en las Cortes carecían de poder dominaban otras facetas de la vida pública, los republicanos controlaban las grandes ciudades (Gobernaban en 20 capitales de provincia) con sus milicias, los carlistas poseían las zonas rurales de País Vasco, Navarra y Catalunya y la Alta Nobleza y la Iglesia podían hacer la vida en la corte imposible si la boicoteaban, como hicieron. A todo esto había que sumar una nueva guerra en Cuba, que seguía peleando por la independencia.

Amadeo I ante el cuerpo del General Prim
Curiosamente Amadeo de Saboya, vistas las circunstancias, fue capaz de mantenerse en el trono e incluso consiguió en cierta manera reconstruir la coalición que había creado Prim y crear un bipartidismo sobre el cual basar su gobierno (Otra cosa que tampoco es nueva…). De la mano de los Progresistas, de cariz más conservador y dirigidos por Sagasta (Eterno superviviente, será la pata izquierda de la Monarquía siguiente, la de Alfonso XII, junto a Canovas) y de los Radicales Demócratas de Ruiz Zorrilla la monarquía pareció recuperar la normalidad, hasta que la esclavitud hizo saltar todo por los aires. Ruiz Zorrilla buscó solucionar el problema en Cuba aboliendo la esclavitud (aún existía en las colonias por entonces) y entregando mayor autonomía a los cubanos; esto hizo estallar al lobby negrero llamado Circulo Hispano-Ultramarino que inició una campaña brutal para terminar con el gobierno alegando a una posible “rotura de España” si se cedía en Cuba (nos sigue sonando, ¿Verdad?). Finalmente la puntilla llegó, de nuevo, de los militares; el Arma de Artillería, que no deseaba servir bajo un General de Infantería, se enfrentó al rey que acabó por disolverla, disolviendo con ello su reinado.

El 10 de Febrero de 1873 Amadeo de Saboya, hasta la polla de los españoles, abdicaba y se volvía a Italia cansado y asqueado de tratar de gobernar un país que no dejaba gobernarse. “Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha…” El pobre hombre no podía más y otra oportunidad de modernizar el país se perdía. Esa misma tarde las Cortes, ante la evidencia, proclamaban la I República porque no quedaba otra opción realmente… La República, como la monarquía anterior, nació muerta, debido a sus pocos apoyos y la división de los republicanos. Tanto es así que en nueve meses de República se sucederán cuatro gobiernos y un golpe de estado. ¿Y luego? Luego los borbones, los caciques, el turnismo, las dictaduras militares… hasta 1931. Pero eso es otra historia.

La soledad del Rey

martes, 29 de marzo de 2016

Un pantalón genocida




Ayer, comentando el capítulo de Ministerio del Tiempo en Twitter (no hay spoilers, tranquilos), serie que os recomiendo profundamente, tuve una pequeña conversación sobre el “Rayadillo”, el uniforme de las tropas coloniales españoles que pudo verse en la serie. Este uniforme fue adoptado en 1868 y duró hasta el final de las colonias españolas de ultramar en 1898 y era un intento de adaptarse a la pólvora sin humo y buscar uniformes de baja visibilidad. El “Rayadillo”,  como su propio nombre indica, buscaba conseguir esto gracias a la superposición de rallas azules y blancas, lo que le daba de lejos un tono azulado que podía confundirse con el paisaje.

¿Y porque hablo de esto? Porque hoy vamos a hablar sobre uniformes de baja visibilidad y como las distintas naciones trataron de adaptarse a la pólvora sin humo y a la necesidad de confundirse con el paisaje para no convertir a sus soldados en dianas andantes. Los uniformes multicolores y coloridos típicos de las Guerras Napoleónicas habían ido quedándose anticuados durante el S. XIX debido al avance de la tecnología militar, que había aumentado el alcance útil de muchas armas y con ello la distancia a la que se combatía. Esto se sumaba a la aparición de la pólvora sin humo, que permitía que el campo de batalla no se viera envuelto en una neblina que ocultaba amigos y enemigos y convirtiendo la necesidad de confundirse con el terreno en algo importantísimo.

Las primeras pruebas llegaron en la Guerra de Secesión Norteamericana entre 1861 y 1865, donde el Ejercito Confederado empezó a vestir de gris, complicando con ello el tiro de los unionistas. Pese a la derrota sudista algunos tomaron nota de la importancia de disimular sus uniformes, entre ellos España, que estrenaría el “Rayadillo” solo tres años después. Curiosamente las grandes potencias europeas tardaron bastante más en adaptarse a los nuevos tiempos y solo Reino Unido, tras los problemas sufridos durante la Segunda Guerra Bóer (donde fueron cazados como conejos por los tiradores afrikáans, que pese a no usar uniformes sí que vestían de colores oscuros) adoptaron nuevos uniformes antes de la llegada del S. XX.

El Rayadillo en el Ministerio del Tiempo

Por poner un ejemplo cuando los estadounidenses desembarcaron en Cuba durante la Guerra de 1898 algunos españoles destacarían que su uniforme azul vivo los convertía en dianas perfectas, lo que explica el alto número de bajas que sufrieron frente a las mal suministradas fuerzas españolas pese a ser una guerra corta y victoriosa. Bueno, a este ratio de bajas también ayudo el maravilloso fusil Mauser (que también usarían los Bóers) y el combatir a la defensiva, pero la idea general es que ante la potencia de fuego moderna lo mejor era ser lo menos visible posible.

Por tanto podemos decir que a inicios del S. XX quien más y quien menos ya había visto la efectividad de los uniformes apagados para no ser cazados como conejos en caso de guerra. Pese a ello potencias como Alemania, Rusia o Austria-Hungría necesitarían aun la primera década del siglo para adoptar los uniformes y aun lo harían entre las protestas de muchos de sus líderes. Por ejemplo el Emperador Francisco Jose I consideraba el nuevo uniforme austrohúngaro vulgar, mientras que el encargado de explicarle al Kaiser Guillermo II las ventajas de los nuevos uniformes calificó la reunión con el monarca como desagradable.

Pero una de las potencias llegó tarde al cambio, hablamos, como no, de Francia. Y eso que curiosamente durante toda la época de la Paz Armada se mostraron abiertos a las mejoras tecnológicas y adaptaron todos los avances que pudieron a la guerra. Si señores, aunque suene extraño la Francia posterior a Napoleón hizo un buen trabajo en algún momento de su historia en el ámbito militar. La derrota en la Guerra Franco-Prusiana de 1870 les había despertado del letargo de autocomplacencia en el que vivían desde las Guerras Napoleónicas y había hecho que los 40 años anteriores a la Primera Guerra Mundial su ejército se convirtiera en una maquina casi perfecta.

Soixante-Quinze francés
Con una guerra frente a Alemania en el horizonte Francia era consciente de que estaba en inferioridad, sobre todo demográfica. No es solo que la población alemana fuera mayor, es que además crecía mientras la francesa se mantenía estancada. Crearon un estado mayor, aumentaron el servicio militar, prepararon una movilización perfecta… Y a ello le sumaron avances tecnológicos como su maravilloso cañón de 75mm, el Soixante-Quinze francés, el primer cañon de tiro rápido (no necesitaba ser reapuntado tras cada disparo) y que no solo sería básico durante la Gran Guerra sino que incluso llegaría a ser usado en la Guerra Civil Española casi 30 años después.


Entonces, ¿Qué ocurrió con los uniformes? Que simplemente llegaron tarde. Hasta antes de la Gran Guerra el Ejercito Francés usaba un uniforme muy característico, casaca azul, pantalón rojo y el quepis azul en la cabeza. Nada de baja visibilidad ni cascos de acero; todo muy elegante y napoleónico, además de patriótico. En el fondo el rojo y el azul, junto a correajes y otros detalles en blanco, eran los colores de Francia y se esperaba que el soldado francés, vestido con la tricolor, combatiera con mayor ahínco contra los enemigos de su patria. Y este, y no otro motivo, fue el que llevo a los franceses a entrar en la Gran Guerra como dianas andantes.

Y ojo, los motivos no fueron militares, sino mucho más prosaicos. Los teóricos militares hicieron bien su trabajo y tan pronto como en 1903 y al calor de la Segunda Guerra Bóer empezaron los experimentos para cambiar los uniformes y adaptarlos a la nueva manera de hacer la guerra. La primera prueba, como no, siguió la moda afrikáans y se llamó “tenue boër”, ya que incluso incluía un sombrero semejante al que usaban los combatientes sudafricanos. Pese a todo no gusto en el ejército e incluso uno de los oficiales de los regimientos con el nuevo uniforme llego a decir a sus hombres que aunque ahora tuvieran un uniforme “feo” seguían perteneciendo al ejército francés.

El "tenue boër"

Las pruebas continuaron y en 1911 ante la evidencia de la necesidad de un cambio se probó con el “tenue réséda” que pese a su color verde grisáceo y su capacidad para confundirse con el terreno no recibió sino críticas desde todos los ámbitos: fue pitado en un desfile, criticado por los conservadores por ser poco patriótico y por algunos militares por eliminar el rojo, que era lo que daba valor a la tropa. Incluso la prensa llegará a decir que es un uniforme de mozo de cuadra y acusa a los francmasones de crearlo para reducir el prestigio del ejército.

El "tenue réséda"

Así las cosas las discusiones llegarían hasta 1913 cuando con los conservadores en el poder el Ministro de Defensa Eugène Étienne llegara a decir en la Cámara de Diputados que “Supprimer le pantalon rouge? Non! Le pantalon rouge, c´est la France.” (¿Suprimir el pantalón rojo? ¡No! ¡El pantalón rojo es Francia!) Y con esto quedó cerrada la discusión hasta que al año siguiente, a las puertas de la guerra y con un nuevo Ministro de Defensa, Adolphe Messimy, se decidió por fin adoptar el “tenue bleu-horizon” como nuevo uniforme. ¿El problema? Que tantas discusiones hicieron que la decisión llegara tarde, por lo que no llegó a las tropas hasta 1915.
El "tenue bleu-horizon", por fin un uniforme decente

Así que durante los primeros meses de la guerra los franceses tuvieron que combatir con su patriótico y elegante pero poco práctico uniforme, convirtiéndose en dianas andantes para los tiradores alemanes. Ello, sumado a la táctica francesa que insistía en el ataque a ultranza (con oficiales a caballo y sable en mano) y a pecho descubierto contra ametralladoras, alambradas y tiradores, hizo que nada más durante la Guerra de Movimientos de 1914 los franceses perdieran algo menos de medio millón de hombres entre muertos y heridos.

Obviamente no todo fue culpa del uniforme, pero sí que muchos tiradores alemanes destacaron que la vistosidad de los franceses facilitaba la puntería y ayudaba a hacer blanco en ellos. Otros, como Edwin Rommel, añadirían al peligro del uniforme francés las cacerolas y enseres para hacer la comida que los soldados llevaban al cuello, levantando reflejos que facilitaban verles entre los campos de maíz. Pese a todo, podemos decir que con total seguridad el pantalón rojo del uniforme francés es una de las prendas de ropa que más muertos ha causado en la historia.
Todos ordenaditos para morir por Francia

jueves, 3 de marzo de 2016

Curiosidades Históricas - Beberse una colección de muertos


Para muchos la historia es considerada como la sucesión de grandes hechos realizados por grandes personas que han acabado llevando a la humanidad a lo que es en la actualidad. Por supuesto, la historia es algo mucho más que eso, aunque como es de esperar los ecos que nos han llegado de la antigüedad son los de los grandes momentos, hechos como el nacimiento de un campesino o la compra de un nuevo torno por un artesano no quedaban recogidos en las crónicas de la época; como es de esperar. Pero que hayan llegado pocas pequeñas historias no significa que carezcamos de ellas, aunque la gran mayoría tengan relación con hechos o personajes conocidos, como es lógico. En este blog somos aficionados a estas pequeñas historias y hoy vamos a narrar otro pequeño pedacito curioso de historia.

El gran personaje alrededor del cual gira nuestra historia es Pedro I de Rusia, apodado “El Grande”, con gran razón por cierto. Si esto fuera un libro de historia diríamos que Pedro I Romanov fue el creador de Rusia tal como la conocemos en la actualidad, nacido en el año 1672, subió al trono en 1682, con solo diez años, sucediendo a su hermano Teodoro III. Eso sí, no lo hizo solo, y es que su medio hermano, Iván V, tenía preferencia en la sucesión, pero debido a sus problemas físicos y mentales la Asamblea de Boyardos (Nobles Rusos) decidió que ambos gobernaran el país.

Pedro el Grande
Esta diarquía, sumada a la minoría de edad de ambos, sumió a la corte rusa en el caos. Curiosamente ambas facciones estaban dirigidas por mujeres, por un lado la madre de Pedro, la regente Natalia, y por otro lado la hermana de Pedro e Iván, la Zarevna Sofia. Esta última fue la vencedora y dominó a sus dos hermanos gobernando a su sombra. Esto llevó a que Pedro pudiera crecer prácticamente libre de control, visitando incluso los barrios de extranjeros que había en Moscú (la sociedad de la época era terriblemente xenófoba y se consideraba superior a los occidentales, obviamente comprendía la necesidad de tener extranjeros en sus ciudades para el comercio pero los apartaba y recluía en barrios). Estos contactos y la ausencia de una educación formal hicieron que Pedro fuera más abierto que sus contemporáneos y mirará a los extranjeros como gente de la cual aprender, no solo aprovecharse.

Finalmente entre 1689 y 1696 Pedro consiguió acumular todo el poder del estado en sus manos. Primero se libró de su hermana, a la cual encerró en un convento, luego de la influencia de su madre tras su muerte en 1694 y finalmente de su hermano, que también murió en 1696. Con 24 años y convertido en un gigante (seguramente un defecto genético, era alto, pero desproporcionado, con manos y cabeza pequeñas, y además sufría epilepsia) Pedro I empezó a modernizar a Rusia, tomando como ejemplo a los países occidentales.

Esta misión empezó en el ejercito, donde los viejos cuerpos, procedentes en su mayoría de finales de la Edad Media y del reinado de Iván el Terrible fueron eliminados y sustituidos por regimientos a la Europea. ¿El motivo? Gran parte del ejército era contrario a las reformas. Pero no se quedó ahí, obligo a los hombres a afeitarse las barbas y a las mujeres, hasta ahora siempre apartadas, a participar en las relaciones sociales, impulsó la educación fundando universidades y colegios superiores, fundó el primer periódico del país e incluso adaptó el calendario ruso al juliano (el viejo empezaba en Septiembre). Esto último acabaría siendo un problema, ya que mientras toda Europa adoptaba el Gregoriano Rusia se quedó con el Juliano ¡Hasta la Revolución de 1917!, dejando un desfase que causaría problemas en diversos momentos de su historia futura.

Estas reformas vinieron unidas de una gran expansión territorial, a la creación de una flota moderna, que le permitía dominar los mares que rodeaban el país, Pedro I añadió al Zarato de Moscú Kiev y alrededores, territorios en el mar de Azov, los países bálticos y extendió la colonización rusa de Siberia, tratando de hacer de dicho territorio una fuente de riqueza. Incluso llegó más allá, durante su reinado Vitus Bering, un marino danés bajo bandera rusa, descubrió Alaska, en el continente americano, permitiendo su colonización por Rusia. Pero su mayor obra seria San Petersburgo, fundada en los nuevos territorios ganados en el Báltico la ciudad se convertiría en la capital del Imperio Ruso hasta 1917. Todo esto le permitiría, finalmente, convertirse en Emperador de Rusia en 1721.

Dicho plan de modernización vino motivado por la llamada Gran Embajada que el Zar realizó al inicio de su reinado, entre 1697 y 1698, el objetivo sobre el papel era conseguir aliados contra el Imperio Otomano para poder conquistar Crimea. La embajada fue un fracaso ya que ningún país europeo se alió con Rusia, por lo que Pedro el Grande tuvo que conformarse con distintas bases en el mar de Azov. Pero este fracaso diplomático se vio eclipsado por el éxito a nivel de conocimientos. Rusia, con su Zar a la cabeza, abrió los ojos al mundo y pudo observar como vivan y trabajaban los hombres de ciudades tan dispares como Riga, Konisberg, Amsterdam, Londres o Viena, interesándose el Zar en profesiones como la de artillero, medico, dentista y, sobre todo, ingeniería naval. Todos estos conocimientos, y los expertos que traerá de vuelta con él de esta visita, permitirán a Rusia florecer en los siguientes años.

Y por fin llegamos a la gran anécdota (Es que Pedro El Grande me encanta y me apetecía contar todo lo de arriba, lo siento). De su visita a Europa Occidental el Zar se trajo de vuelta, para aumentar el conocimiento de sus súbditos, distintos objetos. Entre ellos estaba una gran colección de distintos especímenes (fósiles, rocas, plantas, embriones, fetos humanos y de animales) que había comprado al médico holandés Frederik Ruysch. La colección consistía en más de mil especímenes conservados, en su gran mayoría, en brandy, y el Zar esperaba que permitiera a los naturalistas de su país avanzar en sus conocimientos.

Frederik Ruysch

Y aquí viene la gracia de la historia. Según los rumores en el regreso a casa los marineros que custodiaban la colección la echaron a perder al beberse el brandy que la contenía, ya que no encontraron otra cosa que beber en medio del Mar Báltico. Esta historia, como hemos comentado alguna vez, triunfó por el simple hecho de que para gran parte de las personas de la época los marineros rusos eran poco más que borrachos sobre tablones que flotaban.

Como no, esta historia es falsa. Para empezar la colección no viajo con el Zar, sino que fue comprada años después, en 1717, tras la Gran Guerra del Norte, y llego intacta a San Petersburgo, nueva capital de Rusia. Hay varios datos que hacen que esta historia sea falsa, el primero de todos es que al brandy con que conservaba Ruysch sus especímenes contenía otros elementos, como mercurio o tintes, lo que lo haría poco apetecible para ser bebido. A ello hay que sumar que en 1698 Rusia no poseía aun puertos en el Báltico (los ganaría durante la Gran Guerra del Norte), ni una flota, ya que la construiría a posterioridad.
                                                               
Es curioso cómo estas historias curiosas siguen siendo publicadas por distintos medios o narradas aun siendo evidente su falsedad. Por ejemplo, yo leí esta historia en una revista como Muy Historia y su apariencia irreal me hizo buscar algo más de información, descubriendo lo que he explicado arriba. Es por ello que es importante no creernos todo lo que leemos y tratar de investigar algo más, para evitar que nos cuelen rumores como este.


martes, 12 de enero de 2016

Mandar a la mierda a Hitler


Cuando se piensa en la Alemania Nazi hay una idea que está muy extendida y no acaba de ser correcta. Más de uno cree que por algún motivo no muy bien explicado los más de 66 millones de alemanes (que serían 87 antes de la guerra, al sumar a Austria, Bohemia y Moravia) se volvieron locos de remate y, entre 1933 y 1945, decidieron atacar a toda Europa y de paso llevarse por delante a cualquiera que no estuviera dentro de sus cánones raciales. Es como si Hitler y el Nacional Socialismo hubiera convertido a toda la población alemana en barbaros beligerantes y genocidas. Esto, obviamente, es absurdo. Por ejemplo, en las últimas elecciones libres, en marzo de 1933, el NSDAP obtuvo solo 17 millones de votos.

Es más, desde antes de que las propias democracias occidentales decidieran en 1939 que ya había llegado el momento de pararle los pies a Hitler, después de regalarle por el camino a Austria y Checoeslovaquia como ofrenda cual dios azteca, había alemanes que ya habían pagado con su vida haberse opuesto al dictador. No es la primera vez que hablamos de ellos en este blog, gente con las ideas claras y el valor y la valentía para hacer ver que no compartían la injusticia que ocurría en su país. Los primeros en sufrir cárcel, exilio o muerte, fueron los izquierdistas (11 millones de votos en las elecciones de 1933 entre comunistas y socialistas) pero no serían los últimos. Gente de centro e incluso derechistas los acompañarían pasado el tiempo, cuando comprobaron su deriva dictatorial.

De uno de estos derechistas rebeldes vamos a hablar hoy. De un hombre que tuvo el valor de decirle a un Hitler que trataba de congraciarse con él que se podía ir a la mierda, y no contento con eso tuvo la capacidad para esquivar la cárcel o la muerte gracias a la ascendencia que tenía sobre el pueblo alemán. Hablamos de un militar condecorado, de un héroe de guerra, de un hombre que repudiaba a Hitler y que le dijo a la cara lo que opinaba de él y de lo que estaba haciendo en Alemania. Hablamos de Paul Emil Von Lettow-Vorbeck.
                                                                                                                         
La pregunta obvia es. ¿Qué hizo Lettow-Vorbeck como para poder permitirse tal desaire al dictador? Para saberlo vamos a hacer un viaje atrás en el tiempo y en el espacio. Concretamente hacia la colonia del África Oriental Alemana de 1914. Este territorio había sido conseguido por los alemanes en 1880, tras el Tratado de Berlín (Donde las potencias europeas se repartieron África) y estaba situada bajo el Cuerno de África, en las actuales Tanzania (sin Zanzíbar), Burundi y Ruanda. En 1914 la colonia era la más prospera de todas las del continente y los indígenas, tratados con cuidado y respeto, tenian un gran apego a su metrópoli, lo que sería importante en lo narrado a continuación.

En 1914 el mando de las Fuerzas de Protección de la colonia (las Schutztruppe)  recaía en Paul Emil Von Lettow-Vorbeck, descendiente de militares prusianos (su padre había combatido en la Guerra Franco-Prusiana) y con gran experiencia en conflictos coloniales, ya que había estado en la Guerra de los Boxers contra China y en las distintas colonias con las que contaba su país en África. Gracias a esto había aprendido muchísimo sobre los nativos y entre sus habilidades, por ejemplo, estaba la capacidad para hablar suajili, la lengua de los habitantes de la colonia. Bajo su mando tenía alrededor de 260 oficiales europeos y 4000 soldados nativos, llamados askaris (soldado en suajili), pobremente armados (la mayoría de su armamento era de la Guerra Franco-Prusiana, cuarenta años atrás) y con problemas de logística y suministros.

Cuando empezó la Gran Guerra en Agosto de 1914 Lettow era consciente de que con las pocas tropas que tenía bajo su mando mantener la colonia iba a ser una tarea prácticamente imposible, ya que estaba rodeada por completo de enemigos, concretamente británicos, belgas y, cuando se unieron a la guerra, portugueses. Sobre el papel las colonias debían ser neutrales en caso de conflicto en Europa, pero ninguno de los contendientes hizo caso a aquello y poco a poco las colonias alemanas fueron cayendo en poder de los aliados. Esto hizo que los alemanes, ya resignados a perder sus posesiones ultramarinas, dieran orden a sus fuerzas en ellas (incluidas las flotas, que pasarían a ser corsarias) de retrasar y distraer el máximo posible de fuerzas enemigas para que no pudieran combatir en Europa, misión que Lettow cumpliría a la perfección.

Para retrasar el máximo posible los ataques británicos Lettow decidió empezar a desgastar a sus enemigos atacando las comunicaciones en sus propias colonias, destruyendo vías de tren y atacando convoyes de suministros. Con esto empezó a entrenar a sus askaris, de paso aprovecho para hacerse con pertrechos y municiones, de las que estaba escaso. Estos ataques obligaron a los británicos a atacar la colonia en noviembre de 1914 con sus propias tropas coloniales, provenientes de la India. Pese a la superioridad numérica, 8.000 hombres frente a poco más de 1.000, Lettow les derroto en la Batalla de Tanga, perdiendo menos de cien hombres y ganando, además, gran cantidad de pertrechos, lo que le permitió dotar a sus fuerzas de armamento moderno. Con esta victoria, además, logró evitar la toma rápida y fácil de la colonia, consiguiendo su objetivo de alargar la guerra lo máximo posible.



Con ese objetivo en mente siguió defendiendo la frontera norte, llegando incluso a invadir la África Del Este Británica. El contraataque inglés recuperó con rapidez el terreno e incluso llegó a invadir una parte de la colonia alemana, pero Lettow consiguió expulsarles de nuevo en la Batalla de Jassin, pero con muchas mayores pérdidas, algunas de ellas irremplazables como 27 oficiales alemanes. Estas pérdidas le convencieron de la necesidad de pasar a la guerra de guerrillas y dejar los ataques tradicionales para cuando tuviera superioridad. Con eso en mente se dedicó a reclutar más hombres entre los nativos y los colonos alemanes, llegando a reunir un ejército de 12.000 askaris y 3.000 alemanes a finales de 1915. Armados gracias al armamento capturado a sus rivales y con la artillería que había podido rescatar del buque corsario alemán “Koenisberg” antes de ser hundido por los ingleses en las costas de la colonia, Lettow se dispuso a complicar la vida a las tropas coloniales aliadas.

Los ataques guerrilleros a las comunicaciones inglesas y las molestias que ello suponía para el esfuerzo de guerra británico siguieron hasta que en 1916 los aliados decidieron conquistar de una vez por todas la colonia. Para ello reunieron a 45.000 hombres bajo el mando del General Sudafricano Jan Smuts en el norte, esto unido al apoyo belga y portugués en las otras fronteras llevó a Lettow a dejar de defender el territorio y limitarse a mantener en movimiento a sus tropas para poder seguir atrayendo enemigos. En septiembre de 1916 solo mantenía bajo su control un pequeño pedazo del sur de la colonia, pero sus rivales no estaban mucho mejor, sus ataques guerrilleros y las enfermedades tropicales habían diezmado a los invasores, que no pudieron continuar su ofensiva.

En 1917, pese a todo, su posición era desesperada y aunque había conseguido rechazar los intentos ingleses de conquistar sus bases su incapacidad para reponer sus bajas era un grave problema al que había que sumar su falta de suministros. Esto hizo que en Noviembre de 1917 para evitar ser capturado por los ingleses cruzara a la colonia portuguesa de Mozambique, en el sur. Las novatas tropas coloniales portuguesas, cogidas completamente por sorpresa, fueron superadas por los veteranos askaris de Lettow que capturaron depósitos de víveres y municiones, e incluso un barco hospital, recibiendo los suministros que tanto necesitaban. Tanto fue el éxito de la invasión de Mozambique que en Septiembre de 1918, con la guerra casi acabada en Europa, Lettow fue capaz de amenazar la capital de la colonia. Los esfuerzos de sus rivales para defender la ciudad le dejaron vía libre para regresar al norte, a la África Oriental Alemana, donde incluso llego a atacar la vecina Rhodesia Británica, donde derroto a los ingleses el 13 de Noviembre de 1918, un día antes del final de la guerra.

La rendición alemana le sorprendió en esta colonia, por lo que las noticias no le llegaron hasta el 25 de Noviembre, donde por fin, sin un país por el que luchar, Paul Emil Von Lettow-Vorbeck se rindió a Jan Smuts cuando contaba con un ejército que no llegaba a los 5.000 hombres. Lettow y los alemanes de su ejército volvieron a su país, quedándose los askaris en la colonia, ya bajo control inglés. A su regreso fueron recompensados con un desfile por el centro de Berlín, ya que fueron los únicos soldados alemanes que no habían sido derrotados durante la Primera Guerra Mundial, seria de las pocas consideraciones que recibiría por parte de los alemanes.



La posguerra fue dura para Lettow-Vorbeck, que veía como su país se asfixiaba bajo el Tratado de Versalles. De talante conservador y monárquico participó en la represión de los levantamientos comunistas de 1919, siendo esta su única mancha en el historial, llamando la atención del creciente NSDAP de Adolf Hitler, que tratara de atraerlo a sus filas, pero Lettow se negara a ello y se unió al DNVP, el gran partido conservador de la República de Weimar. Esto le permitirá llegar al Reichstag, donde desde 1928  hasta 1930 trató de detener el ascenso nazi desde el parlamento. Durante este tiempo, también, fundó una empresa de importación y exportación en Bremen, lo que le permitirá mantener el contacto con los británicos, sobre todo con Jan Smuts, con el que trabara una fuerte amistad.

Ya con Hitler en el poder Lettow se apartó de la vida política y siguió dedicado a sus negocios, aunque con la amenaza nazi sobre él, lo que llevo a que en más de una ocasión la policía registrara sus posesiones. Pese a todo Hitler poco podía hacer contra él ya que era considerado un héroe por gran parte de la población, por lo que en un último intento por atraerlo le ofreció en 1938 el cargo de Embajador en Gran Bretaña. Hitler confiaba en que el respeto que los británicos le tenían a Lettow le permitiría seguir apaciguándoles, pero el viejo general se negó a ello y literalmente lo mando a la mierda. Este fue el fin de su vida pública.

Incapaz de acabar con su vida como haría con muchos otros debido a su popularidad Hitler se limitó a ignorarlo, por lo que la Segunda Guerra Mundial fue para Lettow una época muy dura, recluido prácticamente en su casa de Bremen y sobreviviendo gracias a la ayuda que Jan Smuts, y tantos otros oficiales británicos, le ofrecían gracias a los contactos conseguidos con su empresa de exportación. A ello hay que sumar la destrucción de su casa y la muerte de dos de sus hijos en el frente.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial e invitado por su amigo Smuts, convertido en Presidente de Sudáfrica, visitará de nuevo África, reuniéndose incluso con sus viejos askaris. Los problemas de sus viejos soldados y la muerte de Smuts en 1950 le afectarán profundamente, y pasara el resto de su vida tratando de conseguir una pensión del Gobierno Alemán para sus antiguos soldados. Solo tras su muerte, en 1964, la RDA decidirá reconocer a los askaris, pagando una pequeña pensión a todos los combatientes que siguieran vivos y pudieran demostrar que habían luchado junto a Lettow.

Esto nos dejará la última anécdota de la historia. Cuando en los sesenta los funcionarios alemanes volvieron a sus viejas colonias para ofrecer pensiones a los soldados supervivientes. El paso del tiempo había hecho que la gran mayoría de los soldados hubiera perdido su documentación, por lo que para demostrar su historia llevaron botones, balas o viejos uniformes… Finalmente se optó por un método mejor, se les ofreció un bastón y se les dieron órdenes en alemán, idioma con el que habían sido instruidos, para que demostraran  que realmente habían combatido en el ejército.  Todos los que se presentaron fueron capaces de representar las ordenes, tal era el prestigio que tenía Lettow en aquel territorio que nadie trato de obtener una pensión que no merecía.

martes, 5 de enero de 2016

Navidades, tradiciones y el timo del cristianismo



Vuelvo al blog tras las vacaciones pero no lo hago con una anécdota histórica (aunque tengo una genial preparada, a la cual le estoy dando los últimos retoques) sino con un pequeño articulito de opinión que mi intención es que no se alargue en exceso.

De un tiempo a esta parte no hago más que leer criticas (muy parecidas entre ellas la gran mayoría, por cierto) en las redes sociales hacia todos los diversos intentos que estamos viendo por parte de los llamados “Ayuntamientos del cambio” por hacer cambios en las fiestas de la navidad y quitarles ese revestimiento religioso del que están barnizadas en este país. Y sí, soy consciente de que la navidad es una fiesta religiosa, no necesariamente cristiana, pero si, con un trasfondo religioso.

Eso sí, sus orígenes no hacen que la navidad deba convertirse en algo religioso, ni mucho menos… En el fondo todas las celebraciones humanas están basadas en cuestiones religiosas sin que ello haya evitado que a lo largo del tiempo estas hayan cambiado. Y esto es algo de lo que hay que hablar, parece obvio que Jesús de Nazaret no nació en Diciembre, sino que lo hizo, según cálculos, a finales de verano, seguramente en Septiembre. ¿A que así cuadra más que haya pastores y ovejas al aire libre? La elección del día 25 de Diciembre parece ser posterior, del S. III, y con ello se buscaba adaptarse al mundo romano haciéndola cuadrar con una festividad latina. Y que mejor para celebrar un nacimiento que la festividad la del Sol Invicto, incluida durante los Saturnales romanos, que se celebraba durante el Solsticio de Invierno, concretamente el día 25 de Diciembre.

Con esta explicación simplemente quiero decir que la navidad no es más que la celebración del solsticio de invierno, que los cristianos igualaron al nacimiento de su dios como muchos otros pueblos lo hicieron con anterioridad, por ejemplo los romanos con el sol, aunque hay más. Horus y Osiris (su historia es calcada a la de Jesús), Hermes, Buddha, Zarathustra, Krishna… En fin… Que los seres humanos llevamos celebrando los solsticios (también el de verano, ojo, recordad las hogueras en San Juan) desde mucho antes que el cristianismo se apoderará de las celebraciones.

Es por ello que no entiendo las críticas desde parte de algunos sectores hacia las decisiones de los nuevos alcaldes para quitarle la capa cristiana a la celebración y tratar de hacerla más accesible para todo el mundo. Me hace gracia sobre todo oírles escudarse en una tradición que como hemos visto no es suya, sino de otros… Celebremos los Saturnales, ¿Por qué no? Si hablamos de tradición la celebración de esta fecha nos viene desde Roma. Y si lo importante es la antigüedad… Esto, obviamente, es una chorrada, pero es una demostración de lo absurdo que es el argumento de la tradición.

La cuestión es bastante más seria. Sobre el papel España es un país laico, sin religión oficial, y por lo tanto todas estas fiestas, que pueden celebrarse sin problemas, no deberían contar con apoyo estatal. Por supuesto, esto no pasa, la Iglesia Catolica sigue estando pegada al estado, viviendo de él a través de los impuestos y además libre de ciertas cargas como el IBI. Ojo, los mismos que critican que se usen sus impuestos en no celebrar algo religioso parecen obviar que durante años se han celebrado sus religiones con los impuestos de otra gente que no cree en lo que ellos creen.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos que mañana Joan Ribó decide empezar a pagar a todos los que lo deseen entradas para ir a Mestalla a ver el Valencia C.F. ¿Cómo reaccionarían los no valencianistas? Dirían que esto es una locura, que jamás se debe usar dinero público para aficiones privadas (Y digo esto siendo consciente de que el Valencia fue rescatado con dinero público, pero el ejemplo sigue valiendo). Entonces, ¿Por qué a nadie le parece mal que se gaste dinero público en celebraciones cristianas? Cada uno es libre de celebrar y creer en lo que considere oportuno, pero con su dinero y en sus iglesias… No en la calle y con el dinero de los demás.

Y no me quiero ni imaginar la que se montaría si algún ayuntamiento apoyara una celebración musulmana…

lunes, 14 de diciembre de 2015

El Gin Tonic y la malaria


Hoy vengo a hablar del origen de algo que se ha convertido en cotidiano pero que tiene un pasado fascinante. Y es que si hablamos del cubata de moda, el Gin Tonic, su origen está mucho más relacionado con la Coca Cola que con otros cocteles o combinados. ¿El motivo? En un principio estuvieron pensado como brebajes medicinales, algo bastante común en la segunda mitad del S. XIX, cuando la producción y distribución de estos productos curativos o incluso milagrosos fue bastante común, aunque no hubiera pruebas científicas de su eficacia. Vamos, que la Coca Cola que a día de hoy bebemos no es más que homeopatía decimonónica.

La gran diferencia existente entre el Gin Tonic y la Coca Cola es que precisamente el combinado sí que tiene, en teoría, algunas propiedades curativas; uno de sus elementos como mínimo. La tónica, en el fondo, no es más que una bebida carbonatada que tiene como ingrediente principal la quinina. ¿Y qué es la quinina? Un alcaloide que se obtiene de la corteza de un árbol llamado Quino y que se puede encontrar en los bosques de Sudamérica, sobretodo Perú, Bolivia y Ecuador. Y es este alcaloide el que contiene propiedades curativas.

Estas propiedades son conocidas desde la antigüedad por los nativos americanos, que mascaban la corteza del árbol o la utilizaban en diversos brebajes para curar fiebres; en el S. XVII los colonos españoles observaron este comportamiento y empezaron a utilizar la quinina para combatir los males, aunque sin tratar ni aislar. A partir de este momento fue introducida en Europa y la investigación sobre sus cualidades empezó, ya que empezamos a encontrar registros sobre sus propiedades en tratados de medicina a finales del S. XVII. Este camino termino en 1817 cuando dos científicos franceses: Pierre Joseph Pelletier y Joseph Bienaimé Caventou consiguieron aislar la quinina, que empezó a ser utilizada como tratamiento de la malaria.

La quinina, ahora ya aislada y convertida en pastillas, fue enviada con rapidez a las colonias tropicales de las potencias europeas, sobre todo a una India que iba cayendo, poco a poco, bajo control británico, y donde la enfermedad estaba causando más problemas al ejercito de su majestad que los nativos. Y si, la quinina ayudaba contra la malaria pero tenía un reverso oscuro: un sabor muy amargo, horrible, que hacía que tomarla se convirtiera en un suplicio para los soldados. Es por ello que a alguien se le ocurrió la genial idea de diluir las pastillas con agua carbonatada, zumo de limón y azúcar, creando la tónica y ayudando a que el mal trago fuera más llevadero.

Y claro, de ahí solo quedaba un paso. Hablamos de la India, territorio británico en aquellos momentos, por lo que por algún lado tenía que acabar apareciendo la ginebra. Aquí ya las versiones difieren, por un lado se dice que la celebración de una victoria llevo a que se añadiera la bebida a la mezcla de agua carbonatada, zumo de limón y azúcar; otras versiones hablan de que un oficial ingles decidió mezclar la tónica que tomaba para evitar la malaria con ginebra, para suavizar su sabor… Fuera como fuera parece que fue en la India donde este combinado nació, para luego extenderse, subido en los largos brazos de los comerciantes británicos, por el resto del mundo.

Lo curioso de todo esto es que a día de hoy la tónica que se vende o no tiene quinina o tiene una parte ínfima de ella, con cantidades muy inferiores a la que se tomaba para combatir la malaria en el S. XIX. ¿El motivo? La quinina, pese a ser un buen remedio contra la malaria, crea otros problemas de salud y su consumo excesivo puede llevar a sufrir alucinaciones, por lo que su uso está muy controlado en la actualidad.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Curiosidades Históricas - La Carga contra los Panzer


Si algo tiene la Segunda Guerra Mundial son curiosidades, mitos y leyendas. Que medio mundo se dedique a matar al otro medio es lo que tiene, que permite grandes actos extraños, alguno de los cuales ya han sido comentados aquí. Uno de estos mitos, seguramente el primero si hablamos a nivel cronológico, es la Carga de la Caballería Polaca, heredera de los míticos Húsares Alados, contra los tanques alemanes que invadían Polonia en Septiembre de 1939. La historia gano rápidamente fama ya que era una demostración del honor polaco, de la capacidad de su mítica caballería, del deber patriótico… Y por desgracia falsa. Sí. Como lo leéis. Completamente falsa. Eso no ha evitado que muchos historiadores la den por real. ¿El motivo? Pega bastante con el carácter polaco, como veréis a continuación.

Polonia es un país antiguo, que remonta sus raíces al viejo Ducado de Polonia, creado en el año 962 por el Duque Misceslao I, que fue el primero en convertirse al cristianismo. Situado entre germanos y eslavos el Ducado se fortalecería y crecería durante la Edad Media, alcanzando el rango de Reino en el S. XIII. Este crecimiento se afianzaría en el año 1385 cuando el dirigente de la última gran potencia pagana de Europa, el Gran Duque de Lituania Vladislav II, se casaba con la Reina de Polonia y unía ambos reinos en la Unión de Krewo. Esta unión, en un principio meramente personal, con un Rey que reinaba en ambos reinos por separado, se convirtió en una unión completa en 1569, cuando tras la muerte sin herederos del rey anterior los nobles polaco-lituanos decidieron unirse formando un solo estado por la Unión de Lublin.

A partir de la Unión de Lublin podemos hablar de un nuevo estado, la Mancomunidad Polaco-Lituana, una monarquía electiva donde los nobles de ambas naciones, reunidos en el Sejm decidían no solo a su rey, sino las leyes fundamentales del país. Es considerado por muchos el primer ejemplo de monarquía parlamentaria en Europa. Verdad era que solo la nobleza tenía derecho de voto, pero eso suponía un 10% de la población, cantidad mucho mayor que en otros estados europeos incluso en tiempos posteriores (solo el 3% de la población tenía derecho a voto en Gran Bretaña en 1867).


Esta Mancomunidad Polaco-Lituana se convirtió en una de las grandes potencias de Europa en ese momento; con un territorio que iba desde el Báltico hasta prácticamente el Mar Negro, como se ve en el mapa superior, con grandes ciudades como Cracovia, Varsovia o Vilna. Esto le permitió vivir una Época Dorada durante casi un siglo, pero su situación entre grandes potencias como Rusia, Suecia, el Sacro Imperio Romano o el Imperio Otomano acabo por perjudicarle, debido sobre todo a su falta de estabilidad interna causada por su forma de gobierno. El final de esta época llegó en 1655, con el conocido como el “Diluvio”.

El “Diluvio” es una época de la historia Polaco-Lituana que está relacionada con las llamadas Guerras del Norte, que enfrentaron a Rusia, Suecia y Polonia-Lituania  y a sus distintos aliados por el control de la costa del Báltico. Estas guerras desgastaron en exceso a la Mancomunidad que no pudo hacer nada para detener la invasión sueca en 1655, produciéndose un “diluvio” de tropas suecas. A esto se unió el cambio de bando de algunos nobles, lo que llevó a la pérdida de un cuarto de la población del país y al destrozo de su economía y sus infraestructuras. Esto además llevó a la independencia del Ducado de Prusia, que se uniría a Brandeburgo, creando problemas mayores en el futuro.

Este momento marcaría el principio de la decadencia del país y curiosamente el inicio de sus grandes hazañas bélicas, poco provechosas para el país pero que generaron un prestigio y una fama enorme a los combatientes polacos. El primero de estos combatientes fue Jan Sobieski, noble polaco que combatió a los Suecos durante el “Diluvio” y que gracias a su capacidad se convirtió en hombre de confianza del rey Jan II Casimiro. Sus victorias contra cosacos, turcos y distintos nobles rebeldes devolvieron la confianza y el prestigio al ejército polaco-lituano, este prestigio también le ayudó en sus ambiciones, ya que en 1674, tras la muerte de Miguel I, sucesor de Jan II Casimiro, fue elegido rey por el Sejm, convirtiéndose en Jan III Sobieski.

Jan III Sobieski
El inicio de su reinado se vio marcado por una nueva guerra contra los turcos, en la que salió victorioso, y en 1676 por fin, tras casi 30 años de guerras continuas, la Mancomunidad Polaco-Lituana conoció la paz. Jan III Sobieski, casado con una francesa, se acercó durante este periodo de paz a Luis XIV de Francia. El soberano francés le influenció  en muchas de sus decisiones y esto permitió que su corte se convirtiera en refugio de artistas, escritores y poetas, gracias a su mecenazgo, pero también generó en él ambiciones absolutistas, creándole problemas con la nobleza y el Sejm, con el que viviría en constante lucha.

En mitad de esta lucha llegó la primera gran hazaña realizada por un ejército polaco sin mucho sentido pero con mucho valor. En 1683, el Emperador Leopoldo I de Habsburgo mandaba a la cristiandad un llamado de auxilio, ya que un Ejército Otomano estaba avanzando, imparable, hacia Viena, ya que con el emperador refugiado en Linz y con la defensa en manos de 16.000 hombres la ciudad parecía perdida. El Rey de Polonia-Lituania decidió responder al llamado y en un ambiente de franca rebelión, Sobieski convocó al Sejm para pedirles un esfuerzo. Esto enfureció a algunos nobles, que ya estaban cansados de las políticas de Sobieski y creían que nada se le había perdido a Polonia en Austria (A ello hay que sumarle que Francia, deseosa de debilitar a Austria, había sobornado a algunos de ellos) Sobieski, cansado de esperar y harto de su nobleza marchó hacia Viena con un pequeño ejército que había reclutado el mismo dejando atrás el terreno abonado para la rebelión e indefenso ante cualquier ataque desde Hungría (aliados de los Otomanos).

Esta expedición se unió al ejército reclutado por los Habsburgo en el Sacro Imperio y que reunía tropas de pequeños estados como Sajonia, Baviera, Suabia, Franconia… dirigidos por Carlos de Lorena, Generalísimo de los Ejércitos Imperiales. Ambos llegaron a Viena y levantaron el asedio derrotando en poco más de media hora al Gran Visir Kara Mustafa en la batalla de Kahlenberg, donde los Húsares Alados Polacos, la elite de la caballería pesada, orgullo de su país, tuvieron un gran protagonismo liderando la carga final bajo el mando de su rey. Jan III Sobieski, orgulloso, escribió una misiva al Papa Inocencio XI anunciándole la victoria parafraseando a Julio Cesar: "Vinimos, vimos y Dios venció". Esta victoria, y muchas otras hazañas inútiles que se producirían después, llevarían al escritor polaco del S. XX Boy-Żeleński a afirmar que “Los húsares polacos siempre se lanzan a la carga hacia cualquier punto donde no se les ha perdido nada.”

Los Húsares Alados Polacos
Esta victoria, que lo consagró como uno de los grandes militares de su tiempo, fue fatal para su país, que no solo tuvo que sufrir una invasión húngara prácticamente indefenso, sino que se vio salpicado por multitud de rebeliones y de luchas internas; lo que provocaría su decadencia final. El S. XVIII fue de constantes problemas para la Mancomunidad, que poco a poco fue cayendo bajo la influencia de sus tres poderosos vecinos, el Sacro Imperio, representado en los Habsburgo, el Reino de Prusia y Rusia. Aunque entre 1788 y 1792 hubo grandes intentos de reforma, como la creación de la que sería la primera constitución redactada en Europa en 1791, nada pudo evitar la llamada “Repartición de Polonia” entre Rusia, Prusia y Austria en 1795.

Estos problemas internos y la posterior repartición llevaron a distintos polacos al exilio, ya fuera por cuestiones políticas o meramente por hambre. Por ejemplo dos de los exiliados políticos fueron Kazimierz Pułaski y Tadeusz Kościuszko, que se vieron obligados a exiliarse tras liderar distintos levantamientos contra la influencia rusa y terminaron, como los Húsares Alados de Sobieski, en un lugar donde no se les había perdido nada, América del Norte. Ambos colaboraron como generales en la Independencia Americana mientras su país era desmembrado; muriendo incluso Pułaski en la Batalla de Savanah.


A partir de aquí Polonia desapareció de la historia durante casi dos siglos pero no lo hicieron los polacos, que siguieron combatiendo en guerras en las cuales no se les había perdido nada por honor o esperando simplemente ayuda para recuperar su país. Unos de los que tuvieron éxito fueron los polacos de las famosas Brigadas Polacas de Napoleón, creadas con exiliados tras las particiones y que acabarían creando el Gran Ducado de Varsovia en 1807, pero que desaparecería, absorbido por el Imperio Ruso, tras el Congreso de Viena. Pero no fueron los únicos, regimientos de polacos lucharon en distintas guerras del S. XIX, como la de Unificación de Italia o en la Franco-Prusiana, siempre de la mano de sus amigos franceses. El éxito llegaría más de un siglo más tarde, en la Primera Guerra Mundial.

Durante la Gran Guerra los polacos se vieron obligados a combatir en ambos bandos en el Frente Oriental, sobre todo en las filas de Austro-Húngaros y Rusos (la población polaca que quedaba bajo control alemán era más bien poca), pero también fue posible verles, como no, junto a los franceses en el Frente Occidental. Más de 100.000 polacos (la mayoría emigrantes que habían salido de Polonia por el hambre tiempo atrás) se alistaron en la Legión Extranjera, de nuevo lanzándose a la carga en sitios donde más bien pintaban poco. Este esfuerzo, por suerte, sí que tuvo recompensa, y gran parte de estos combatientes pudieron volver a su país tras la guerra, ya que volvía a ser independiente.

¿Y que se encontraron al regresar? Más guerra. Convencidos por las potencias aliadas para que atacaran la Revolución Bolchevique se vieron inmersos en la Guerra Ruso-Soviética entre 1919 y 1920 y que cerca estuvo de dejarlos, de nuevo, sin país. Abandonados a su suerte por sus aliados, algo a lo cual los polacos ya estaban acostumbrados, consiguieron salvar los muebles en la Batalla de Varsovia y mantener su soberanía intacta. Esto dejó a los polacos con un país independiente, pero de nuevo bajo la amenaza de dos grandes potencias, Alemania y Rusia, y además con fronteras difícilmente defendibles, como el corredor polaco entre Alemania y Prusia Oriental.


Tras el periodo de entreguerras llegamos a la Segunda Guerra Mundial y al momento de nuestra anécdota actual. Un breve repaso a la historia polaca nos muestra porque el mito de la “Carga contra los Panzers” es fácilmente creíble; y es que esas muestras de valentía sin sentido ni beneficio formaban parte de la idiosincrasia polaca. En realidad el mito fue creado por unos reporteros de guerra italianos sobre una base real, como veremos a continuación. La tarde del 1 de Septiembre, primer día de la guerra, los alemanes avanzaron por el corredor polaco tratando de unir su territorio. Con el Ejército Alemán avanzando imparable los polacos, abandonados por sus aliados de nuevo, trataron de retirarse en orden, dejando para cubrir la retirada al  18º Regimiento de Caballería. Estos lanceros trataron de retrasar el avance alemán atacando sus flancos y curiosamente lograron varios éxitos, matando a varios alemanes y desorganizando las formaciones. Pero finalmente un error les hizo encontrarse con unas pequeñas tanquetas ametralladoras alemanas, que abrieron fuego haciendo una carnicería entre la caballería. Cuando al día siguiente los reporteros vieron los cadáveres los alemanes les afirmaron que habían sido derrotados mientras cargaban contra las tropas acorazadas. Los polacos, encantados con el mito, lo hicieron suyo, igual que los alemanes, que lo usaron para mostrar a los polacos como un pueblo atrasado.

Para no romper la tradición los polacos, durante la Segunda Guerra Mundial, siguieron combatiendo en lugares donde no se les había perdido nada, y tras huir de su país retirándose de dos ejércitos (Del alemán y el soviético, que se unió a la fiesta) se retiraron a Rumanía y Hungría, donde llegaron armados y en perfecto orden. Estos países les desarmaron pero les permitieron abandonar el país y marcharse a Francia y Reino Unido, donde seguirían combatiendo por todo el mundo, llegando a formar una compañía, la 1ª División Acorazada Polaca que lucía como símbolo las alas de los húsares de Sobieski. Siguiendo con su sino estos hombres se encontraron al volver a su país tras la contienda con otra guerra civil, llegando incluso a verse obligados a unirse a los partisanos anticomunistas… Pero eso es otra historia.